Se entiende por intertextualidad al el conjunto de relaciones que acercan un texto o discurso determinado a otros textos de varia procedencia: del mismo autor o más comúnmente de otros, de la misma época o de épocas anteriores. Es decir, a pesar de parecer que el que dice una cosa lo hace aisladamente, en un momento determinado, en realidad, sus dichos “dialogan” con lo dicho por periodistas, carteles, declaraciones de otros políticos de sus tiempos o anteriores a él. Ni qué hablar cuando se hace uso de símbolos, de fechas simbólicas, de procederes. Así cuando alguien está hablando que “no hay que cambiar el caballo en el medio del río”, sin decir quien lo dijo se está trayendo una cita de Perón con el contexto histórico en que fue dicho. Dice Todorov que "no hay ningún enunciado que no se relacione con otros enunciados, y eso es esencial"
Las expresiones previas al acto electoral de Brizuela del Moral que amenazaba con gobernar 20 años más "les guste o no a la gente" dialogan con las dichas por Diana Conti "Los sectores ultra K a los que pertenezco avizoramos el deseo de una reforma constitucional porque quisiéramos una Cristina eterna",
Las expresiones de Felipe Solá sobre el hecho que la gente votó en Catamarca para garantizar que les lleguen los fondos del gobierno nacional que de otra forma no llegarían dialogan, con el cartel que se ve en Rosario que dice que el Chivo (Rossi) garantiza protección.Si tomamos esto como un ejercicio vamos viendo que nada de lo dicho es casual. Que cada una de las palabras pronunciadas tienen un por qué y un para qué que van transformando el ideario colectivo y convirtiendo en normal o anormal no siempre a lo correcto.
Hoy quería hablar del Potro con su trabajo excepcional en el tenis, y terminé hablando del Chivo, pero qué quieren que les diga, haber visto el cartel que me pareció casi mafioso y escuchar a Solá (un viscoso Caballo de Troya) confirmando lo que suponía era en lo que van a basar su campaña me pareció importante compartirlo con Uds. Ya festejaremos a del Potro con su fuerza positiva.
15 mar 2011
El Chivo garantiza "protección"
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Stella Maris Coniglio
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8 oct 2010
Cada uno con una escoba!!!

Cuando yo era un niño, dice el Dr. Mario Rosen, en mi casa me enseñaron a honrar reglas sagradas:
Regla N° 1: las reglas no se discuten.
Regla N° 2: se debe respetar a papá y mamá
Regla N° 3: No sea insolente. .
Era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar desde el “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa”. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.
Desafiar “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” acerca al borde del universo familiar y permite conocer exactamente los límites si al ser descubierto o denunciado es castigado apropiadamente. Castigo no significa agresión, significa privarnos de algo por un tiempo para conocer los límites.
La travesura y el castigo pertenecen a un mismo sabio proceso: permiten mantener intacta la salud mental. Uno vive en un mundo predecible.
El castigo es una salida terapéutica y elegante para todos, pues aleja al rencor y trasquila a los privilegios. A tal travesura tal castigo. Nunca amenazar con algo que no se pueda cumplir.
Si hay justicia, porque “el que las hace las paga” y hay piedad, porque uno cumplida la condena estipulada es dispensado, la dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tendrá la convicción de que será atrapado tarde o temprano, así que hay que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.
La insolencia colectiva, que cuando se rompen las reglas, nadie se hace responsable haciendo lo que se necesita para poner las cosas en su lugar, tiene un solo antídoto: la responsabilidad individual. Ése es el desafío.
Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y ¡respete la regla!!
Si es un automovilista respete los semáforos, y respete los derechos del peatón.
Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE?
Dr. Mario Rosen
Interesante reflexión y como decía Roberto Arlt: «El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo» y esa es la única prepotencia que vale la pena.
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Stella Maris Coniglio
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23 abr 2010
Vivir y morir en la pavada general?

Un paisano encontró en Catamarca un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual. Y decidió llevarlo a su casa.
-¿Será de un avestruz? -preguntó a su mujer.
-No. Es demasiado abultado -dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos? -propuso el ahijado.
-Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad - respondió cuidadosa la abuela.
-Ante la duda, lo voy a colocar debajo de la pava que está empollando huevos. Tal vez con el tiempo nazca algo- afirmó el paisano, y así lo hizo.
Cuenta la historia que a los quince días nació un pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez comió todo el alimento que encontró a su alrededor.
Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo entusiasta:
-Bueno, ahora vamos a volar.
La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de su flamante cría y le explicó:
-Mira, los pavos no vuelan. Te sienta mal comer deprisa. Entonces trataron de que el pequeño comiera más despacio, el mejor alimento y en la medida justa.
El pavito terminaba su almuerzo o cena, su desayuno o merienda y les decía a sus hermanos:
-Vamos, muchachos ¡a volar!
Todos los pavos le explicaban entonces otra vez:
-Los pavos no vuelan. A ti te sienta mal la comida.
El pavito empezó a hablar más de comer y menos de volar. Y creció y murió en la pavada general:
¡pero era un cóndor! Había nacido para volar hasta los 7,000 metros. ¡Pero nadie volaba..!
El riesgo de morir en la pavada general es muy grande. ¡Como nadie vuela!
Muchas puertas están abiertas porque nadie las cierra y otras están cerradas porque nadie las abre.
El miedo al hondazo es terrible. La verdadera protección está en las alturas. Especialmente cuando hay hambre de elevación y buenas alas.
Muchas veces tenemos el ansia de volar pero nos dejamos llevar por el medio, por lo común, por el qué dirán, por el miedo... Hermanos argentinos, nosotros sabemos que tenemos alas, lo hemos demostrado muchas veces, la verdadera protección está en las alturas...
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Stella Maris Coniglio
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12:59 p.m.
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