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27 ene 2022

Otra vez la mirada de los que se fueron en el ´76

 Esta vez en un cuento.: "Encuentro con Silvia" de Ana María Shua. Cargado de nostalgias, de fracasos, de cambios de puntos de vista. Miradas para pensar.

"El centro y la peatonal habían cambiado muchísimo, se habían convertido en un barrio pobre, marginal. Ya no era el lugar adonde su madre iba a comprar ropa de invierno antes de volver a Buenos Aires. En aquella época, para las compras había que aprovechar un día de lluvia y como todos hacían lo mismo, cuando llovía las calles y las galerías del centro de Mar del Plata estaban atestadas de mujeres que palpaban ansiosas las prendas de lana, arrastrando con ellas a sus hijos, a los que todavía estaban en edad de dejarse arrastrar, para que se probaran de mal humor los famosos pulóveres.
Ahora las galerías agonizaban, condenadas por los shoppings. Ahora las calles comerciales eran Güemes y Alem, pero él había insistido en alojarse cerca de la plaza Colón, de la playa Bristol, donde había estado el departamento de sus abuelos. La confitería Boston resistía, solo que ahora era una sucursal: la Boston se había convertido una cadena. Las medialunas, por suerte, seguían siendo buenas, casi tanto como en su recuerdo. En esa zona de la ciudad los negocios exhibían en sus vidrieras solamente souvenires baratos, higrómetros violetas con forma de pez, collares de caracoles, chafalonía de metal y piedras brillantes, sandalias de plástico. En la rambla de la Bristol se veían pantalones de gimnasia con la raya blanca al costado, trajes de baño viejos, deslavados, pelos mal teñidos. Estaban por todas partes. La ropa de los jóvenes se había uniformado y sin embargo se los reconocía, como siempre, eran ellos, los pobres del mundo. Se odió a sí mismo por el matiz de desprecio que había en su mirada. Por ellos había militado, por ellos se había ido del país, por ellos vivía en Madrid desde el año 76. ¿Por ellos? Qué mentira. Ya no podía engañarse a sí mismo con el desparpajo y la inocencia de la juventud. Y sobre todo ¿ellos? ¿Así pensaba él, ahora? ¿Ellos y nosotros? ¿Desde cuándo? El Provincial y el Casino estaban igual que siempre, por lo menos de afuera.
Las ramblas, en plural, era Barcelona. La rambla era aquí, en su casa. La ciudad que había sido su casa cada verano de su niñez y su adolescencia. Hacía casi cuarenta años que no volvía a Mar del Plata, a la Rambla. Casa tomada. Los balnearios de La Perla, Punta Iglesias, la Popular, la Bristol eran de ellos. Pescadores, Las Toscas. Caminó dejándose llevar por la masa humana. Ahora buena parte de la rambla estaba ocupada por una especie de mercado persa, puestitos en los que se vendían supuestas artesanías, pero sobre todo remeras estampadas, ojotas de goma, bolsos de colores chillones, exhibidos en un revoltijo destinado a exaltar su bajo precio. Y gente, gente, gente. Ellos. Los pobres. Que ahora, decían las estadísticas, refregándoles en la nariz el fracaso de su generación, eran la tercera parte del país. Lo peor, quizás, era el miedo. Hernán supo que les tenía miedo. Se justificó pensando en la respuesta de Ettore Scola cuando le preguntaron por qué había pintado de esa manera a la gente en la película Brutos, feos y malos. Si yo pensara que la pobreza hace mejor a la gente, no sería de izquierda, contestó Scola. Pero yo no soy de izquierda, supo Hernán. Y lo supo en plural, como se decía en España: un tío de izquierdas. El mundo era una lugar muy raro, la historia era un devenir caótico, delirante, siempre inesperado y él ya no creía en las soluciones que en otro tiempo le habían parecido difíciles de alcanzar pero tan indiscutibles, tan perfectas.


 
Antes del Torreón se terminaba el mercado y se aliviaba la circulación. El Torreón estaba lindo. Con su confitería de siempre, modernizada. Tomó un cortado mirando el mar. Los surfistas eran también algo nuevo. Flotaban apacibles, en espera de una buena ola. El mar era el mismo de siempre: nunca azul, en varios tonos de verde lejos de la costa y amarronado en la orilla. Con solo mirarlo podía sentir en la piel el frío del agua del Atlántico sur, que alguna vez le había parecido estimulante.

Y mientras comparaba las imágenes de su recuerdo con las de la realidad, no pudo dejar de percibir una mirada que se le clavaba en la cara sin pudor. En una de las mesas del fondo, una señora de su edad, entrada en carnes, (carnes que rebalsaban apenas la sisa de una musculosa demasiado apretada) lo miraba intensamente, con ternura. Le devolvió una mirada distraída, apenas suficiente para constatar que no la conocía.
Sin embargo, ella se levantó y fue hacia él como si la atrajera un impulso magnético. Tenía una cara simpática, redondita, con los cachetes caídos, el cuello arrugado y lindos ojos claros.
- ¿No me reconocés? –le dijo en voz baja- No lo puedo creer. ¡Pero viniste!
Hernán entrecerró los ojos para eliminar los elementos superfluos que esa cara había logrado reunir a través de los años, intentando develar la sobria perfección que debieron tener alguna vez sus rasgos.
- La fogata, la playa, ¡nuestra promesa!
- ¡Silvia! – casi gritó de pronto Hernán.
Esos ojos. ¿Cómo podía haberlos olvidado? Aunque no se acordara de la promesa. Silvia se sentó a su mesa y pidieron cerveza. Como en los viejos tiempos, se rieron los dos: cuando la cerveza se tomaba solamente en verano. Retomaron la conversación como si se hubieran visto ayer. Hablaron de las fogatas en la playa, recordaron las canciones folklóricas que estaban de moda en aquella remotísima época, La Salamanca, por ejemplo, ¿quién se acordaba ahora de La Salamanca, o del Puente Pexoa? Y Hernán se enteró (pero disimuló que se estaba enterando) de que alguna vez se habían prometido encontrarse en el Torreón, un cinco de enero, a las seis de la tarde.
- Te demoraste un poco –sonrió Silvia
- Treinta y nueve años y una hora –dijo Hernán.
- Yo vengo todos los años –confesó Silvia, con una sonrisa hermosa que puso en relieve las mil arruguitas que bordeaban sus ojos y las hizo olvidar al mismo tiempo.
- Yo vivo en Madrid. Es la primera vez que vengo a Mar del Plata. Pero ya ves, estoy aquí. - por pura casualidad, pensó Hernán, pero no lo dijo.
- Tenés un poco de acento español.
- Esto no es nada, tendrías que escucharme putear. Lo primero que me sale es jolines y después, leches. Y ostia.
Hablaron de los amigos comunes. Del Flaco, del Colorado… Eran amigos de las vacaciones, de Mar del Plata y Hernán no había sabido más de ellos. Silvia, en cambio, parecía estar enterada de todo.
- El Colo se casó con un gato.
- ¡Noooo! Y vos sos mala también, ¿cómo sabés que era un gato?
- ¡Si él mismo lo contaba, de lo más orgulloso! Y lo peor fue que después de tener hijos la mina engordó, pero engordó de verdad, se convirtió en un tanque australiano. Al que le fue muy bien es a Jorge, ¿te acordás de Jorge?
- Jaja, no me extraña, Jorge siempre haciendo sus negocitos…
- Nada de negocitos, se convirtió en un flor de empresario, es dueño de una cadena de farmacias.
- Y el Flaco?
- Lo mataron, como a tantos. Vos sabés.
Hernán sabía. Y no tenía ganas de avanzar en el tema. Silvia se dio cuenta y la conversación se desvió hacia ellos, hacia su pequeña historia.
- ¿Te acordás cuando me llevabas en el caño de la bici y nos caímos?
Hernán no se acordaba de la caída, pero sí de la bicicleta. Esa bici había su primer vehículo propio, su primera y gloriosa sensación de independencia. Se la había comprado con sus ahorros, todo lo que ganó trabajando varios meses en el negocio de su abuelo. Su adorada bicicleta azul, la mejor, la más veloz, la que lo llevaba a la velocidad del pensamiento por las calles de Mar del Plata.
- ¡Claro que no te acordás! –dijo Silvia- ¡Porque la que se raspó todo el brazo fui yo! ¿Y a vos como te fue? ¿Te recibiste? –preguntó Silvia.
- Me recibí, pero no me sirvió de mucho. ¿Qué iba a hacer en España con el título de abogado? ¿Y vos? ¿Te casaste?
- Ah, mirá qué típico –dijo Silvia, rebelde- Yo te pregunto si te recibiste y vos me preguntás si me casé. Pregunta especial para mujeres. Hice muchas otras cosas interesantes además de casarme, de tener hijos. ¡Y hasta un nietito!
- Te casaste con otro…- le contestó Hernán, en broma.
Pero Silvia no siguió la broma. Algo en ella cambió, algo en su expresión, en su forma de mirarlo.
- Me casé con otro, sí. Pero…no debería decirte esto y sin embargo… Ahora que ya no importa… Me casé con otro pero nunca dejé de quererte.
Hernán se sobresaltó y trató de quitarle fuerza a la confesión que Silvia había hecho en voz muy baja, casi un murmullo, pero con un acento tan intenso, tan verdadero, que por un momento no supo cómo responder. Afuera el sol estaba cayendo. Era un atardecer hermoso y triste.
- Pero Silvia, éramos tan chicos. Te enamoraste de un recuerdo…Qué sabés quién soy yo, en qué me fui convirtiendo…
- No me digas así. No me quites la ilusión. Qué me importa cómo sos ahora. Vos sos mi amor imposible. ¿Ya te olvidaste de nuestros besos en la playa?

No. Hernán no se había olvidado. ¿Cómo olvidarse de la primera bicicleta, de los primeros besos, de la pasión enloquecida y contenida de la adolescencia? Durante años apenas había pensado en Silvia, pero ahora el recuerdo se abalanzaba sobre él como una ola gigante que lo arrastraba a mar abierto, lejos de la playa, lejos de la costa, a una zona donde la libertad era enorme, ilimitada y la memoria brillaba y todo era posible. De un solo golpe de ola, toda su historia se deshizo, los castillos que había construido a lo largo de su vida se transformaron en arena húmeda, su vida en España se redujo a un largo paréntesis sin sentido y se entregó a ese sentimiento extraño que ya no podía negar, supo que también para él, de una manera subrepticia, arrastrándose por debajo de la realidad cotidiana, olvidado y al mismo tiempo presente en cada acto de su vida, también para él Silvia había sido su amor imposible, la única certeza en este mundo.

Comprendió en un instante enorme que cada uno de los besos que había dado en su vida había sido apenas una imitación de los únicos besos verdaderos, los de Silvia en la playa. Porque era la boca de Silvia, sus labios jugosos que se abrían…como un damasco lleno de miel, pensó, avergonzado y orgulloso al mismo tiempo, tan cursi, ¿pero acaso no es siempre cursi el amor? La letra de la canción parecía escrita para él, para ellos. Miró otra vez a Silvia, sus ojos inolvidables, inconfundibles, y supo que ése era su destino y que él lo había traicionado, trampeado. Ése hubiera sido su lugar, el único verdadero: irse a dormir cada noche con Silvia, en los brazos de Silvia, con esa mujer gastada, cansada, gordita, que debió ser la suya, la mujer que había buscado, ahora lo sabía, en cada una de sus mujeres, sin encontrarla. Pensó en la piel de Silvia tan joven, tan dorada, tan salada en su lengua, vibrante bajo la yema de sus dedos, y la deseó como entonces, como quizás nunca más había deseado nada, deseó tocarla, sentirla, abrazarla.

- ¿Otra vez, Marta? ¡Ya le dije bien clarito que no la quiero ver por acá! ¡La próxima llamo a la policía!
Silvia se puso de pie casi con violencia, pero antes de irse garrapateó un teléfono en una servilleta. Se despidió brutalmente, pero con una mirada tan cargada de promesas que daba pena. Ahora el encargado del local le gritaba al mozo.
- ¿En qué idioma te tengo que decir que no la dejes entrar? ¿No será que vas con algo vos también? Disculpe, señor –hablándole ahora a Hernán- esa mujer no me gusta, se va con los clientes y qué se yo que pasa. Para mí que les saca plata. Este no es un lugar de esos.

- Es completamente inofensiva, yo no sé por qué el encargado no la quiere –le confió después el mozo a Hernán, mientras le cobraba- Al contrario. Los tipos consumen más y se van contentos. Y si les saca plata, qué. Se la ganará. –miró el número anotada en la servilleta y lanzó una risotada- Qué caradura, esta Marta. Es el teléfono de acá.

Hernán recapituló la conversación con Silvia-Marta y se dio cuenta de que en ningún momento ella lo había llamado por su nombre. Los recuerdos que habían intercambiado y completado entre los dos eran los mismos que compartían con toda su generación. El Flaco. El Colorado. Miró al mozo con una semisonrisa de complicidad.

- Me di cuenta en el acto. Pero me dio pena, pobre mujer, por eso le seguí la corriente.
Salió del Torreón con un nudo en la garganta y siguió caminando por la Rambla. Playa de los Ingleses ahora se llamaba Varese, y habían conseguido ampliarla, una buena extensión de arena.
Reconoció Playa Chica. Y en Playa Grande, la refinada y elegante Playa Grande, se quedó asombrado al ver el cordón blanco que encerraba los balnearios y los separaba de la marea humana. También allí para llegar al mar los ocupantes de las carpas tenían que abrirse paso entre una multitud de gente desparramada sobre la arena, mate con facturas, churros rellenos, papeles aceitosos, gordas rebosando viejas mallas negras, muchachos en shorts de fútbol, chicas con el pelo mal cortado. Antes, el cordón blanco no era necesario. Antes, los pobres se quedaban en su lugar. Jamás se les hubiera ocurrido invadir Playa Grande.


27 mar 2017

Cómo es el femenino de sexo?


–Papá...
–¿Hummm?
–¿Cómo el es femenino de sexo?
–¿Qué?
–El femenino de sexo.
–No tiene.
–¿Sexo no tiene femenino?
–No.
–¿Sólo hay sexo masculino?
–Sí. Es decir, no. Existen dos sexos. Masculino y femenino.
–¿Y cómo es el femenino de sexo?
–No tiene femenino. Sexo es siempre masculino.
–Pero vos mismo dijiste que hay sexo masculino y femenino.
–El sexo puede ser masculino o femenino. La palabra "sexo" es masculina. El sexo masculino, el sexo femenino.
–¿No debería ser "la sexa"?
–No.
–¿Por qué no?
–¡Porque no! Disculpá. Porque no. "Sexo" es siempre masculino.
–¿El sexo de la mujer es masculino?
–Sí. ¡No! El sexo de la mujer es femenino.
–Y ¿cómo es el femenino?
–Sexo también. Igual al del hombre.
–¿El sexo de la mujer es igual al del hombre?
–Sí. Es decir... Mirá. Hay sexo masculino y sexo femenino, ¿no es cierto?
–Sí.
–Son dos cosas diferentes.
–Entonces, ¿cómo es el femenino de sexo?
–Es igual al masculino.
–Pero, ¿no son diferentes?
–No. O, ¡sí! Pero la palabra es la misma. Cambia el sexo, pero no cambia la palabra.
–Pero entonces no cambia el sexo. Es siempre masculino.
–La palabra es masculina.
–No. "La palabra" es femenino. Si fuese masculino sería "el pal..."
–¡Basta! Andá a jugar.
El muchacho sale y la madre entra. El padre comenta:
–Tenemos que vigilar al pendejo...
–¿Por qué?
–Sólo piensa en gramática.

"Sexa" de Luis Fernando Verissimo 

23 mar 2017

Cuídate de darle vida al león...


En un viejo cuento de la India se hablaba de que en cierto lugar vivían cuatro hermanos brahmanes que se tenían el mayor afecto. Tres de ellos se habían instruido en todas las ciencias, pero carecían de prudencia; el cuarto no había estudiado mas era muy discreto. Una vez se pusieron a deliberar y decidieron adquirir fortuna visitando países extranjeros ganando el favor de los príncipes. En su camino vieron en un bosque la osamenta de un león. Dijo el uno:
- Vamos a probar nuestra ciencia: aquí yace un animal muerto, vamos a devolverle la vida con nuestro saber. Yo sé ordenar y juntar los huesos.
Dijo el segundo: --Yo sé poner la piel, la carne y la sangre.
Dijo el tercero: - yo sé infundirle vida.
Y al hablar así, el primero juntó los huesos, el segundo le puso la piel, la carne y la sangre, y cuando el tercero estaba a punto de darle la vida se lo impidió el prudente diciendo:
- es un león. Si le das vida nos matar a todos.
Pero el otro contestó:
-Necio! No permitiré que la ciencia quede estéril en mi mano!
Repuso aquel: -Pues espera un momento, hasta que yo haya subido a ese árbol.
Así se hizo; el león recobró la vida, dio un salto y mató a los tres. Pero el prudente bajó del árbol cuando el león ya se había alejado y volvió a su casa.
Fragmento de autor anónimo extraído de la Antología del cuento de la literatura universal Trad. Ramón Menéndez Pidal. Barcelona. Ed. Labor

Súbete a un árbol si estás con hacedores de leones y, fundamentalmente, cuídate de acceder a ser un 'hacedor de leones" por el bien de todos.Recordar siempre cómo actúa el león. Qué reine la prudencia!!!

Reedición necesaria

18 may 2015

Las dos tentaciones que nunca le fallan al Diablo

Satanás vende objetos usados
Como necesitaba adaptarse a los nuevos tiempos, Satanás decidió hacer una liquidación de gran parte de su provisión de tentaciones. Puso aviso en el diario y atendió a los clientes en su oficina durante todo el día.
Era una reserva fantástica: piedras para hacer tropezar a los virtuosos, espejos que aumentaban la propia importancia, lentes que disminuían la importancia de los otros. Colgados en la pared, algunos objetos llamaban mucho la atención: un puñal de lámina curva, para ser usado en la espalda de alguien y grabadores que registraban chismes y mentiras.
-¡No se preocupen por el precio!- gritaba el viejo Satanás a los potenciales compradores - ¡Llévenselo hoy y paguen cuando puedan!
Uno de los visitantes notó en un rincón dos herramientas que parecían muy usadas y apenas llamaban la atención. Sin embargo, eran carísimas. Curioso, quiso saber la razón de aquella aparente discrepancia.

- Están muy gastadas porque son las que más uso - respondió Satanás, riendo. Si llamasen mucho la atención, las personas sabrían como protegerse de ellas. Sin embargo, ambas valen el precio que estoy pidiendo: una es la Duda, y la otra es el Complejo de Inferioridad. Todas las otras tentaciones siempre pueden fallar, pero estas dos siempre funcionan.
 La duda es la mejor arma del enemigo, cuando dudamos de nosotros, de nuestras posibilidades y de nuestros sentimientos, automáticamente aparece la segunda arma: el complejo de inferioridad, si tu mismo dudas de ti mismo, quien entonces podría confiar en ti? ...Y ahí es donde el diablo siempre mete la pata...
No puedo encontrar dónde leí alguna vez que los pueblos con baja autoestima está condenados por su propio desánimo. Y...dále con que los argentinos somos esto, que los argentinos somos aquello...Y qué querés de los argentinos?. Y... era un argentino. Recuperemos la confianza de argentinos, recuperemos la palabra de argentino, recuperemos la cultura argentina, recuperemos la calidad argentina.
Levantemos las banderas de la autoestima. No por 4 locos estemos condenados!!

5 feb 2015

El que osa opacar la grandeza del tirano

Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres,..., el escultor presentó su última obra:  una fuente (una náyade). Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" -sin duda estaba pensando el tirano- "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?"
 Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" -dijo indicando al pájaro- "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".
Ya publicado pero vale la pena releerlo.

24 jul 2014

Hizo un trato con los buitres..

 La historia comienza cuando una persona llegó al pueblo, su nombre era
Simeón.
Era un hombre muy raro, vestía con una larga capa que le cubría casi todo el cuerpo. No vivía en el pueblo con la demás gente, sino en las montañas, solo y apartado de todo el mundo, aunque en alguna ocasión bajaba al pueblo para coger víveres.
Al cabo de un tiempo de la llegada de este hombre sucedieron cosas extrañas: desaparecían animales. Al principio la gente pensó que eran zorros o lobos, hasta que algunos animales se escapaban. Pero llegó el día en que esas desapariciones se hicieron extrañas: un pastor cuyo perra era fiel y leal desapareció. Este hombre lo comentó en el pueblo y la gente empezó a comentar que les habían desaparecido animales de manera anormal.
Hicieron una reunión, la gente comenzó a especular: si eran chicos del pueblo vecino, si eran brujas... 
Dos hermanos se ofrecieron a vigilar por la noche y ver qué era lo que realmente ocurría. 
Cuando oscureció salieron de sus casas y empezaron a dar vueltas. La noche era tan oscura que casi no se podía ver y descubrieron una sombra, la siguieron con cuidado y vieron que se metía en un corral de donde salió con una bolsa y algo se movía en su interior. Siguieron la sombra hasta el álamo cerca del cementerio donde el ser sacó de la bolsa un pato y lo  ató al árbol, donde hizo un ritual. 
De repente la figura se volvió hacia el horizonte donde los muchachos pudieron observar una gran nube negra que se dirigía hacia ellos. La nube estaba compuesta por BUITRES, lo cual asustó más a los muchachos, ya que los buitres son aves que no pueden volar por la noche, lo que los hizo decidir salir corriendo y encerrarse en su casa. 
A la mañana siguiente los chicos contaron lo que vieron. La gente del pueblo se puso muy nerviosa, pero los jóvenes dijeron: Mirad, no os preocupéis, intentemos tranquilizarnos, esta noche recoged a los animales en las casas y así el ladrón no podrá secuestrarlos.
 Así lo hicieron, y cuando volvieron a salir por la noche volvieron a ver a la sombra y pero esta vez la sombra estaba inquieta, se movía de un lado a otro. Como la noche pasada volvió al árbol del cementerio y realizó el ritual, pero esta vez no había nada para sacrificar. 
La mirada de la sombra y la de ellos se cruzó y muertos de pánico salieron de su escondite y se fueron. 
A la mañana siguiente junto con otras personas del pueblo subieron al álamo y encontraron la capa de Simeón pero el hombre no estaba. Lo buscaron pero desapareció, nunca más se le volvió a ver.
Las historia cuenta que Simeón hizo un trato con los buitres, a cambio de que él les proporcionara un animal para comer, pero como esa noche no encontró ninguno, sólo le quedó ofrecerse a sí mismo.
http://kruela.ciberanika.com/3/20/1
Cualquier parecido con la realidad es puro deseo popular.

10 jun 2013

Se necesita un valiente que no quiera nada a cambio!!!

Durante una súper fiesta celebrada por un excéntrico multimillonario, en una de sus mega mansiones, en un determinado momento pide que la música pare y dice, mirando a un de los estanques donde cría cientos de cocodrilos australianos.
- Quien se tire al estanque, consiga atravesarlo y salga vivo del otro lado ganará mis coches, mis aviones y mis mansiones.
Prácticamente de inmediato, alguien salta a la piscina...
La escena es impresionante. Lucha intensa, el intrépido se defiende como puede, sostiene la boca de los cocodrilos con pies y manos, tuerce la cola de los reptiles. Mucha violencia, gritos, pánico y emoción entre todos los asistentes.
Después de algunos minutos de terror, el valiente hombre, herido y casi desnudo consigue salir del estanque.
Gritos de júbilo de los invitados y el millonario se aproxima, lo felicita y le pregunta:
- ¿Dónde quiere que le entregue los coches y los aviones?
- Gracias, pero no quiero ni sus coches ni sus aviones.
- ¿Y las mansiones?
- Tengo una hermosa casa, no preciso de las suyas. Puede quedarse con ellas. No quiero nada que sea suyo.
Impresionado, el millonario pregunta:
- Pero si usted no quiere nada de lo que ofrecí, entonces ¿Qué quiere?
El hombre responde irritado:
- ¡Encontrar al hijo de puta que me empujó a la piscina!

MORALEJA:
Lo empujaron pero logró pasar el obstáculo, aunque pareciera imposible. No estaba ni en su cabeza hacerlo, pero gracias a un empujoncito lo logró. Nosotros tenemos que lograr la paz, la libertad, la justicia, ojalá que alguien nos dé un empujoncito. No queremos nada a cambio.

Cuento recibido, me gustó su mensaje y lo quise compartir
Publicado en el 2010 pero para aquellos que no lo hayan leído es muy bueno!!

20 ago 2012

Cuándo existe la justicia?


Charles Darwin dijo estas palabras frutos de sus estudios y hay algo que nos indica que los argentinos no estamos respondiendo al cambio, por lo menos los argentinos de bien, o los argentinos que teniendo a su alcance las nociones necesarias para el análisis estamos inmovilizados por el miedo, vieja herencia de generaciones anteriores. Hoy llegó a mí este cuento, que algunos de Uds. quizás lo hayan leído pero que tiene que quedar en algún lugar para consultarlo de vez en cuando y por eso lo subo a Utopías . Desconozco el autor.
"UNA CLASE INOLVIDABLE"
Una mañana, cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" entró en la clase, lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:
"-¿Cómo te llamas?"
"-Me llamo Juan, señor".
" ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! "- gritó el desagradable  profesor.
Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió  sus cosas y salió de la clase.
Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.
"-Está bien.. ¡Ahora sí! .¿Para qué sirven las leyes?..."
Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:
"-Para que haya un orden en nuestra sociedad"
"-¡No!".. contestaba el profesor
"-Para cumplirlas"
"¡No!"
"-Para que la gente mala pague por sus actos".
"-¡¡No!! ... ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!"...
"-Para que haya justicia", dijo tímidamente una chica.
"-¡Por fin!".. " Eso es... para que haya justicia."... Y ahora ¿para qué sirve la justicia?"
Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera. Sin embargo, seguíamos respondiendo:
 "-Para salvaguardar los derechos humanos"
 "-Bien, ¿qué más?", decía el profesor.
 "-Para discriminar lo que está bien de lo que está mal"...
 "-Para premiar a quien hace el bien."
 "-Ok, no está mal pero... respondan a esta pregunta: ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?...."
 Todos nos quedamos callados, nadie respondía.
 "-Quiero una respuesta decidida y unánime"
 " ¡¡No!! "- dijimos todos a la vez.
 "¿-Podría decirse que cometí una injusticia?"
 " ¡Sí!"
 " Y.. ¿Por qué nadie hizo nada al respecto?..... ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica?... Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia.. Todos. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!"
"-Vete a buscar a Juan"- dijo mirándome fijamente...
Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de derecho.
Cabe agregar.....
"Todo lo necesario para que triunfe el mal, es que las personas de bien no hagan nada al respecto".

1 jul 2012

Como el canto del ruiseñor...

Quiero agradecer a quien me hizo llegar la noticia que había conocido a alguien que siempre contaba que había trabajado de extra en la película "Juan Moreira" (que comentamos ayer) con tan solo 11 años,y que había cobrado $100, algo que la familia poco le creía porque era difícil de comprobar. Lo de la película fue verdad.
Otro amigo me contó que mi tocayo (Coelho=Coniglio=conejo) publica todos los días a la misma hora que Utopías un mini cuento en http://g1.globo.com/platb/paulocoelho/. Ja
Y vamos a tomar el tiro.


Este pequeño cuento de Coelho (con traducción libre), en forma de parábola, nos deja pensando:

En las calles de Damasco.
"Un hombre andaba por el camino de Damasco recordando su amor perdido, y su alma estaba llena de lágrimas. "Lástima del hombre que conoce el amor", pensó. "Nunca va a ser feliz con el temor de perder a quien ama." En este momento, oyó el canto de un ruiseñor. "¿Por qué actúas así?", Dijo el hombre al ruiseñor. "¿No ves que mi amada, que estaba tan encariñada con tu canto, ya no está aquí a mi lado?" "Yo canto porque soy feliz", dijo el ruiseñor. "¿Alguna vez has perdido a alguien?", Insistió el hombre. "A menudo", dijo el ruiseñor. "Pero mi amor continuó siendo el mismo”.
Y el hombre se sintió con más esperanza."

Qué es más importante?. Poder amar, saber amar o a quién amamos?
La de amar es toda una capacidad, no creen?.
Vamos a seguir espiando a Coelho y espero nuevos comentarios para enriquecer la Utopía, no les parece?

11 may 2012

Cuando los disparates nos convienen...


Jorge Bucay,ilustra con un cuento cómo miramos para otro lado cuando algo nos conviene, así sea ridículo, ilógico o un disparate y recién nos damos cuenta y demandamos cuando lo mismo nos perjudica:
Un señor le pidió una tarde a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no era demasiado solidario, pero se sintió obligado a prestarla.A los cuatro días, la olla no había sido devuelta, así que, con la excusa de necesitarla fue a pedirle a su vecino que se la devolviera.
—Casualmente, iba para su casa a devolverla... ¡el parto fue tan difícil!
—¿Qué parto?
—El de la olla.
—¿Qué?!
—Ah, ¿usted no sabía? La olla estaba embarazada.
—¿Embarazada?
—Sí, y esa misma noche tuvo familia, así que debió hacer reposo pero ya está recuperada.
—¿Reposo?
—Sí. Un segundo por favor –y entrando en su casa trajo la olla, un jarrito y una sartén.
—Esto no es mío, sólo la olla.
—No, es suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es suya.
“Este está realmente loco”, pensó, “pero mejor que le siga la corriente”.
—Bueno, gracias.
—De nada, adiós.
—Adiós, adiós..Y el hombre marchó a su casa con el jarrito, la sartén y la olla.
Esa tarde, el vecino otra vez le tocó el timbre.
—Vecino, ¿no me prestaría el destornillador y la pinza?
...Ahora se sentía más obligado que antes.
—Sí, claro.
Fue hasta adentro y volvió con la pinza y el destornillador.
Pasó casi una semana y cuando ya planeaba ir a recuperar sus cosas, el vecino le tocó la puerta.
—Ay, vecino ¿usted sabía?
—¿Sabía qué cosa?
—Que su destornillador y la pinza son pareja.
—¡No! –dijo el otro con ojos desorbitados— no sabía.
—Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya la embarazó.
—¿A la pinza?
—¡A la pinza!... Le traje la cría –y abriendo una canastita entregó algunos tornillos, tuercas y clavos que dijo había parido la pinza.
“Totalmente loco”, pensó. Pero los clavos y los tornillos siempre venían bien.
Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de nuevo.
—He notado –le dijo— el otro día, cuando le traje la pinza, que usted tiene sobre su mesa una hermosa ánfora de oro. ¿No sería tan gentil de prestármela por una noche?

Al dueño del ánfora le tintinearon los ojitos.
—Cómo no –dijo, en generosa actitud, y entró a su casa volviendo con el ánfora pedida.
—Gracias, vecino.
—Adiós.
—Adiós.
Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a golpearle al vecino para pedírsela. Sin embargo, a la semana, su ansiedad no aguantó y fue a reclamarle el ánfora a su vecino.
—¿El ánfora? –dijo el vecino – Ah, ¿no se enteró?
—¿De qué?
—Murió en el parto..
—¿Cómo que murió en el parto?
—Sí, el ánfora estaba embarazada y durante el parto, murió.
—Dígame ¿usted se cree que soy estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un ánfora de oro?
—Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y el parto de la olla. El casamiento y la cría del destornillador y la pinza, ¿por qué no habría de aceptar el embarazo y la muerte del ánfora?
Recuentos para Demián Jorge Bucay

13 oct 2011

No es loco el que quiere sino el que lo dejan...

“Había en un psiquiátrico dos internos que decían ser Jesucristo. Lejos de discutir con ellos un terapeuta los reunió y les explico que, dado que Jesucristo hay uno solo, alguno de los dos estaba mintiendo pero que él no se sentía con la idoneidad necesaria para determinar quién era el falso y quién el verdadero profeta. Los dejó solos con la consigna de que llegaran a un acuerdo al respecto. Al poco tiempo uno de los dos, algo avergonzado (según relatan), se acercó al médico y reconoció no ser quien anteriormente había dicho que era. La mitad del problema estaba resuelto. Dispuesto a finiquitar el asunto el terapeuta se dirigió -munido de maderas, herramientas y accesorios- donde se encontraba el identificado profeta para proceder a su crucifixión. Le tomó las medidas y comenzó a fabricar la cruz. Luego de la sorpresa inicial el paciente salió corriendo a pedir ayuda porque había entrado un loco que se pensaba que él era Jesucristo y buscaba crucificarlo…” Paul Watzlawick

Linda forma de resolver el conflicto, no?. Correrlos para donde disparan... Me gustó. Esto es más profundo de lo que muestra...Qué pasa si seguís hasta el extremo lo que te quieren mostrar como cierto?...Y es una locura!!!

30 ago 2011

Había que ganar o ganar...


En el cuento “19 de diciembre de 1971” Roberto Fontanarrosa desentraña la psicología del fanático del fútbol hasta el mínimo detalle. Extraigo un fragmento donde pinta las previas entre las hinchadas de Newells y Rosario Central (dos equipos de fútbol rosarino) y los fundamentos por los que ”debían” ganar ya que el partido depende del hincha, de sus cábalas y no de los jugadores. Tenían que hacer “cualquier cosa”. El gran problema: las cargadas y el exitismo de los niños. Llegando a describir al hincha vacío del contenido: se puede ser hincha de un Club por su estadio así nunca haya visto jugar a ninguno de los dos equipos. Algo así se puede ver en política?.

"Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario esos días anteriores al partido. Y te digo esos días, desde semanas antes se venía hablando del partido, la ciudad era una caldera. Porque eso era lo que era la ciudad: una caldera. …. Prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa, en los boliches, en la calle, en cualquier parte, saltaban chispas, pero te lo juro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas, ó mejor dicho, de los maleficios. Hay que entender que no era un partido cualquiera hermano, era una final, final.
Porque no era un final, final, era una semifinal. El que ganaba después venía a jugar a Rosario, y le ganaba a cualquiera, fuera Central como Newells. Acá le hacia la fiesta a cualquiera.
Y cómo estaban los lepra!.... Había que aguantarlos, porque se corrían una fija! Pero una fija se corrían hermanito! Que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta..Nos iban a meter cinco en el Monumental y para la televisión …
La verdad hermano, con una mano en el corazón, tenían un equipazo! Un equipazo de padre y señor mío! Hay que reconocerlo! Jugaban y daba gusto, buen toque, te abrochaban bien abrochadito….. Y la lepra se corría una fija. … Entonces oíme. Había que recurrir a cualquier cosa! Hay partidos que no podes perder, tenés que ganar o ganar! No hay tutía! Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que tenía que hacer cagar a Kennedy, me daba lo mismo hermano! Hay partidos que no se pueden perder! Y qué! …Para que después te refrieguen y te pongan la bandera por la jeta toda la vida! No mi viejo. Entonces hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo viste. Tu vieja por ejemplo. Que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia viste.
,,,El colorado vino y habló clarito. Nos habló de los grandes ideales. De nuestra misión frente a la sociedad. De nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que para nosotros eso era verdad. Iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados. Que habíamos tenido lo nuestro. Y que de última teníamos experiencia en malos ratos y en fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central iban a tener de por vida una marca, que los iba a marcar para siempre como un fierro caliente. Las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela! Los iban a destrozar. Les iban a pudrir el bocho para siempre. Iban a ser una ó dos generaciones de tipos hechos bolsa. Disminuidos ante los leprosos. Temerosos de salir a la calle, de mostrarse en público. Y eso es verdad hermano. Porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo. ….
Estaba también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo, y se hacen hinchas de ese equipo. Son así, son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Newels, y a la mierda! De ahí en más todos los pibes se hacían de Newells, ponéle la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, converzarlos, hablarle del Gitano Juárez, del flaco Menotti, ni comprarle la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que River sale campeón y se hacen de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora, que mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces cuando van al chiquero del parque, por mejor equipo que pueda tener Newells, los pibes piensan: ¡yo no puedo ser hincha de esta villa miseria! Y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos, y vos ves que ahora, los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central ó a Newells, y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época. Los pendejos son más materialistas. Yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

Si lo quieren leer entero les dejo el link o compren el libro "Nada del otro mundo" lleno de cuentos inolvidables, no se lo pierdan:
http://martignoni.wordpress.com/2007/11/08/fontanarrosa-19-de-diciembre-de-1971-cuento/

10 jul 2011

La marca de tu enojo


Cuentan que a un niño que tenía muy mal carácter su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debía clavar un clavo en la cerca.
El primer día el niño había clavado 37 clavos en esa cerca.
Al paso de las siguientes semanas, mientras aprendía a controlarse, el número de clavos puestos en la cerca empezó a mermar. El niño descubrió que era más fácil controlar su temperamento que estar poniendo clavos en la cerca.
Finalmente llegó el día en el que no perdió el control. Fue así que su padre le indicó que ahora sacara un clavo por cada día que había podido contener su enojo.
Los días pasaron y alterminar su padre lo tomó de la mano y lo llevó junto a la cerca y le dijo: Lo has hecho muy bien, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la cerca. La cerca ya nunca será la misma.
Cuando ofendes con palabras o gestos de enojo, esas palabras dejan una cicatríz como estos hoyos. Una herida verbal afecta tanto como una física.
Recuerda que los amigos son en verdad joyas raras y difíciles de encontrar; no los hieras con tu enojo, deja huellas...
Autor anónimo

1 jul 2011

Los hacedores de leones....


En un viejo cuento de la India se hablaba de que en cierto lugar vivían cuatro hermanos brahmanes que se tenían el mayor afecto. Tres de ellos se habían instruido en todas las ciencias, pero carecían de prudencia; el cuarto no había estudiado mas era muy discreto. Una vez se pusieron a deliberar y decidieron adquirir fortuna visitando países extranjeros ganando el favor de los príncipes. En su camino vieron en un bosque la osamenta de un león. Dijo el uno:
- Vamos a probar nuestra ciencia: aquí yace un animal muerto, vamos a devolverle la vida con nuestro saber. Yo sé ordenar y juntar los huesos.
Dijo el segundo:
-Yo sé poner la piel, la carne y la sangre.
Dijo el tercero:
- yo sé infundirle vida.
Y al hablar así, el primero juntó los huesos, el segundo le puso la piel, la carne y la sangre, y cuando el tercero estaba a punto de darle la vida se lo impidió el prudente diciendo:
- es un león. Si le das vida nos matar a todos.
Pero el otro contestó:
-Necio! No permitiré que la ciencia quede estéril en mi mano!
Repuso aquel:
-Pues espera un momento, hasta que yo haya subido a ese árbol.
Así se hizo; el león recobró la vida, dio un salto y mató a los tres. Pero el prudente bajó del árbol cuando el león ya se había alejado y volvió a su casa.
Fragmento de autor anónimo extraído de la Antología del cuento de la literatura universalTrad. Ramón Menéndez Pidal. Barcelona. Ed. Labor

Súbete a un árbol si estás con hacedores de leones y, fundamentalmente, cuídate de acceder a ser un 'hacedor de leones" por el bien de todos.

Nada que ver, pero vieron los carteles con publicidad política que están pegados en Rosario?. Me dieron impresión...Será un fantasma?.

29 may 2011

Si alguien te hace daño no cambies tu naturaleza.

Se acuerdan del cuento del escorpión y la rana en el que el escorpión le pide a la rana que lo ayude a cruzar el río y la pica y mueren juntos porque era su naturaleza?

Ahora encontré éste que supongo que deja mejor moraleja:
Un maestro oriental, cuando vió como un escorpión se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua.
Cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose.
El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el escorpión lo picó.Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.
Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo: "Perdone... ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?".
El maestro respondió: "La naturaleza del escorpión es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar". No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones. Algunos persiguen la felicidad,... otros la crean.

http://utopiasargentinas.blogspot.com/2009/07/el-dialogo-con-el-escorpion.html

28 may 2011

Algunos no saben nada pero otros...


Hay diferencias y diferencias....

12 may 2011

La dificultad de compartir

Llega un tipo a un hotel y pide habitación. El encargado le dice que sólo tiene una cama en un cuarto compartido, la cual nadie quiere porque el otro huésped ronca muy fuerte.El fulano le responde que no hay problema y decide compartir la habitación.
A la mañana siguiente el encargado le pregunta si durmió bien.
- Perfectamente -responde.- ¡Muchas gracias!
¿Y el señor de los ronquidos?
- Mire, apenas entré en la habitación, le di un beso en la mejilla y una palmadita en la nalga; ¡y se pasó toda la noche con los ojos abiertos y con el culo pegado a la pared!
Gracias María A.

25 abr 2011

Parálisis por análisis

Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos para escoger a quien tendría ese honor.
“Voy a presentarles un problema —dijo—. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.
Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: “Este es el problema”.
Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor... ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados. Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el florero con determinación y lo tiró al suelo.
“Usted es el nuevo guardián —le dijo el gran maestro, y explicó—: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos. Puede tratarse de un florero de porcelana muy raro, un bello amor que ya no tiene sentido, un camino que debemos abandonar pero que insistimos en recorrer porque nos trae comodidades.

Sólo existe una forma de lidiar con los problemas: atacarlos de frente. En esos momentos no podemos tener piedad, ni dejarnos tentar por el lado fascinante que cualquier conflicto llevan consigo”.

Los problemas tienen un raro efecto sobre la mayoría de nosotros: nos gusta contemplarlos, analizarlos, darles vuelta, comentarlos... .Se ha dado en llamar “parálisis por análisis” a este proceso de contemplación e inacción.

Eso es lo que nos está pasando a los argentinos. Vivimos en análisis permanentes y nada nos rebela. Quién es el candidato de la oposición?. Cristina va por la reelección?. Los índices del INDEC son los que corresponden?. Se ataca la libertad de expresión?. Se van a unir estos o aquellos?. Hay hambre. Hay desnutridos. Hay desocupación. Hay narcotráfico. Hay contrabando. Hay fraudes electorales. Hay...Hay ...Ay!!!!! Rompamos el jarrón!!!. Dejémonos de analizar tanto lo que nos paraliza.

18 mar 2011

Me vendés una hora de tu tiempo?

Cuentan que una noche, cuando en la casa todos dormían, el pequeño Ernesto de 5 años se levantó de su cama y fue al cuarto de sus padres. Se paró junto a la cama del lado de su papá y tirando de las cobijas lo despertó.
—¿Cuánto ganás, papá? —le preguntó
—Ehhh… ¿cómo? —preguntó el padre entre sueños.
—Que cuánto ganás en el trabajo.
—Hijo, son las doce de la noche, andate a dormir.
—Sí papi, ya me voy, pero vos ¿cuánto ganás en el trabajo?
El padre se incorporó en la cama y en grito ahogado le ordenó:
—¡Te vas a la cama inmediatamente, esos no son temas para que vos pregunte! ¡¡y menos a la medianoche!! —y extendió su dedo señalando la puerta.
Ernesto bajó la cabeza y se fue a su cuarto. A la mañana siguiente el padre pensó que había sido demasiado severo con Ernesto y que su curiosidad no merecía tanto reproche. En un intento de reparar, en la cena el padre decidió contestarle al hijo.
—Respecto de la pregunta de anoche, Ernesto, yo tengo un sueldo de 2.800 pesos pero con los descuentos me quedan unos 2.200.
—¡Uhh!… cuánto que ganás, papi —contestó Ernesto.
—No tanto hijo, hay muchos gastos.
—Ahh… y trabajás muchas horas.
—Si hijo, muchas horas.
—¿Cuántas papi?
—Todo el día, hijo, todo el día.
—Ahh —asintió el chico, y siguió— entonces vos tenés mucha plata ¿no?.
—Basta de preguntas, sos muy chiquito para estar hablando de plata.
Un silencio invadió la sala y callados todos se fueron a dormir.
Esa noche, una nueva visita de Ernesto interrumpió el sueño de sus padres. Esta vez traía un papel con números garabateados en la mano.
—Papi ¿vos me podés prestar cinco pesos?
—Ernesto… ¡¡son las dos de la mañana!! —se quejó el papá.
—Sí pero ¿me podés…
El padre no le permitió terminar la frase.
—Así que este era el tema por el cual estás preguntando tanto de la plata, mocoso impertinente. Andate inmediatamente a la cama antes de que te agarre con la pantufla… Fuera de aquí… A su cama. Vamos.
Una vez más, esta vuelta puchereando, Ernesto arrastró los pies hacia la puerta.
Media hora después, quizás por la conciencia del exceso, quizás por la mediación de la madre o simplemente porque la culpa no lo dejaba dormir, el padre fue al cuarto de su hijo. Desde la puerta escucho lloriquear casi en silencio.
Se sentó en su cama y le habló.
—Perdoname si te grité, Ernesto, pero son las dos de la madrugada, toda la gente está durmiendo, no hay ningún negocio abierto, ¿no podés esperar hasta mañana?.
—Si papá —contestó el chico entre mocos.
El padre metió la mano en su bolsillo y extrajo un billete de cinco pesos. Lo dejó en la mesita de luz y le dijo:
—Ahí tenés la plata que me pediste.
El chico se enjuagó las lágrimas con la sábana y saltó hasta su ropero, de allí sacó una lata y de la lata unas monedas y unos pocos billetes. Agregó los cinco pesos al lado del resto y contó con los dedos cuánto dinero tenía.
Después agarró la plata entre las manos y la puso en la cama frente a su padre que lo miraba sonriendo.
—Ahora sí —dijo Ernesto— llego justo, nueve pesos con cincuenta centavos.
—Muy bien hijo, ¿y qué vas a hacer con esa plata?
—¿Me vendés una hora de tu tiempo, papi?.
Lo publica Bucay en "Ël camino del encuentro"

1 feb 2011

El que nos cuente su mejor historia

Mucha gente se pregunta, ante tanto tejido de corrupción y de intereses corruptos, puede haber un candidato que acceda al poder sin negociar una salida de impunidad de los que están copando los lugares claves que permitieron que llegáramos donde estamos.?. Pueden con voluntarismo y remodelación de villas y creación de escuelas desmantelar ese aparato?. Dejarán llegar al que se lo proponga?. Vemos a Menem como Senador entregando su voto a cambio de qué?. Libre después de tantas causas. Se desmanteló el aparato que él creó o se creó otro?. Muchas preguntas nos debemos hacer para cambiar, no les parece?. Gana el que cuente su mejor historia?. Veamos:

Tres hombres llegan simultáneamente a las puertas del cielo. San Pedro sale y les dice: -"Tenemos malas noticias para 2 de ustedes; se nos cayó el sistema en el área de admisiones y sólo puedo dejar entrar a 1 de los 3 esta semana. Los otros tendrán que esperar en el infierno unos días mientras lo reparamos, lamentablemente no puedo hacer otra cosa".
San Pedro continuó explicando:-"La persona que cuente la mejor historia de cómo murió, será la que pueda entrar en el cielo hoy".Los 3 hombres asintieron. San Pedro los hace pasar de uno en uno a su oficina para que los otros no escuchen y puedan mejorar su historia.
El primer hombre pasó y empezó a relatar:
-"Presentía que mi mujer me estaba engañando, así que esa tarde llegué temprano... Subí los 25 pisos del edificio por la escalera para no hacer ruido con el ascensor..., abrí la puerta de mi apartamento y allí estaba ella, tendida en el suelo y ¡desnuda!. Sabía que la había pillado. Corrí por todo el apartamento en busca del amante; arriba, abajo, debajo de la cama, en todos los armarios... ¡NADA!
Estaba a punto de pedirle disculpas por ser tan mal pensado, y mientras ella me decía que siempre hacia gimnasia desnuda, oí unos ruidos en la ventana...... ¡¡¡SCRATCH, SCRATCH, SCRATCH...!!! Abrí la ventana y allí estaba el hijo de puta, colgando de la cornisa. Agarré mi bate de béisbol y le di duro en la cabeza. Vi cómo se caía, pero tuvo suerte el infeliz y aterrizó en un montón de bolsas de basura. ¡Se estaba moviendo! . Desesperado porque se me escapaba, cargué el mueble bar hasta la ventana. Con gran esfuerzo lo puse en la cornisa, pero al empujarlo se me enganchó la camisa, por lo que caí con el mueble bar y encontré mi muerte.¡Pero estoy feliz porque me cargué al puto cerdo!

San Pedro no podía imaginarse historia más increíble, cuando hizo pasar al segundo hombre que cuenta sí su historia:
-"Bueno, yo soy un limpiador de ventanas. Estaba haciendo tranquilamente mi trabajo en un piso alto, cuando una de las cuerdas repentinamente se rompió. Me agarré de la plataforma, pero se me fueron resbalando las manos hasta que caí al vacío. Levanté las manos pensando en mi muerte y esperando que Dios me recogiera.
Afortunadamente logré agarrarme a una de las cornisas del edificio. ¡¡¡ESTABA SALVADO!!! Estaba dando gracias a Dios e intentando que lage nte que estaba dentro del edificio me salvara definitivamente. Empecé a rascar en la ventana para que alguien me ayudara, cuando repentinamente un cabrón la abrió y en lugar de ayudarme ¡¡¡me pegó un tremendo golpe con un bate de béisbol!!! Caí al vacío otra vez, maldiciendo a esa mala persona, cuando mi ángel de la guarda me permitió seguir viviendo, poniendo un montón de bolsas de basura justo bajo mi caída… Cuando conseguí abrir los ojos para agradecer a Dios tanta fortuna, ¡un mueble bar estaba cayendo encima de mí! Y gritaba con terribles alaridos. Comprendí que Dios me quería a su lado. Sin duda era mi destino y así encontré la muerte".

San Pedro estaba estupefacto. Hizo pasar al último hombre y le dice:
"Hijo, más vale que tengas una muy buena historia, porque las dos anteriores...¡¡realmente son increíbles!!

Así, el hombre lo miró y comenzó...
-"Bien, seré breve, imagínate esto: estoy en pelotas, escondido en un mueble bar…

No siempre el que cuenta su mejor historia merece el cielo!!!!. Aunque nos resulte simpático....No es cierto?.