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21 dic 2021

Cuando la cultura contamina.


Cuentan que había dos pueblos que tenían sus tierras colindantes y que competían vendiendo sus cosechas en el mismo mercado. Ambos sacaban su agua de pozos subterráneos.
Un día el pueblo A encontró que sus plantas se marchitaban y que el agua con el que regaban sus cultivos estaba contaminada..El pueblo B aprovechó la oportunidad y aumentó sus precios en los mercados, fuertes ganancias.
El pueblo A empezó a sospechar del B, en principio porque envidiaban que a los otros les fuera bien. Y es así que pensaron que podrían estar contaminando su agua para enriquecerse a costa de ellos. Era la única explicación. Decidieron tomar sus tierras a la fuerza. Así se vengarían y contarían con agua no contaminada. El pueblo B se tuvo que mudar a territorios lejanos y empezar de nuevo.
El pueblo A, que ahora ocupaba las tierras sembradas por sus vecinos empezó a prosperar. Pero al poco tiempo las plantas empezaron a morir y descubrieron que otra vez la causa era el agua contaminada del pozo. Ahora no tenían a quién echarle la culpa.
Como no había culpables aparentes, investigaron las causas a fondo y se sorprendieron al descubrir que ellos mismos contaminaban su propia agua con las sustancias químicas que usaban.
Esta historia es una buena analogía de cómo las personas actúan sin ser conscientes de cómo sus actos afectan la cultura. El agua subterránea es un elemento vital para que los campos puedan dar buenas cosechas. De manera similar la cultura, que normalmente es subterránea (no somos conscientes de ella) tiene un impacto enorme en los resultados de la organización de un país.

David Fischman narra esta historia en “Cuando el liderazgo no es suficiente” (referido a las empresas) considerando la necesidad del desarrollo de la inteligencia cultural en sus líderes, por la importancia que la cultura tiene en los resultados. Todo un tema, no?. Parece que nuestros líderes están contaminando nuestra cultura. Aunque en realidad, no tengo la menor duda.

14 mar 2017

Fiera venganza la del tiempo...

dice el tango. Pero le transcribo la publicación de Utopías Argentinas,  que tuvo más visitas en estos años, que parece decir lo mismo:

Había un hombre muy perseguido, no tanto por la suerte como por los demás hombres, sus prójimos y, especialmente, por los que debieran profesarle cariño y tenerle ley. No parecía sino que, por negra fatalidad, a Zenón toda la miel se le volvía hiel o mejor dicho, ponzoña. Sus hermanos, se concertaron para despojarle de la herencia paterna y le dejaron en la calle, sin más ropa que la puesta, sin techo ni lumbre. Casóse, y su mejor amigo le afrentó públicamente con su mujer y, como si no bastase, la vil pareja le acusó de falsario, forjó pruebas contra él y logró que le sentenciasen a presidio, donde, inocente, arrastró largo tiempo el grillete de los criminales.
Aunque Zenón tenía al principio el alma abierta y generosa, el carácter noble y suma bondad, las traiciones, persecuciones y calumnias, el deshonor, los ultrajes y los desengaños fueron ulcerando su espíritu y cambiando su ser de tal manera que, en vez de resignarse y perdonar, sintió poco a poco crecer en su corazón un espantable deseo, una sed ardentísima de venganza. Ya no ansiaba cumplir el tiempo de su condena por ser libre y volver a la sociedad, sino por buscar ocasión de saciar la ira que, gota a gota, había ido destilando. Con paciencia, hilo a hilo, iba tejiendo la trama, y restregándose las manos gozoso, decía para sí: «Hoy salgo y mañana vuelvo a la prisión, pero de esta vez vuelvo por algo, por haber pagado a mis enemigos con usura el mal que me hicieron. Inocente me encerraron aquí, y otra vez me encerrarán culpable, pero habiendo saboreado las delicias del desquite. Véngueme yo, y álcese el patíbulo después.»
Cumplió Zenón su tiempo y salió de las cárceles, resuelto a poner por obra sus airados propósitos. Lo primero que determinó fue pegar fuego a la casa solariega que le pertenecía y de donde sus hermanos le habían expulsado con dolo. Así que las llamas subiesen muy altas y los clamores de los encerrados fuesen extinguiéndose -lo cual probaría que ya los tenía asfixiados el humo-, Zenón huiría, yendo a introducirse secretamente en su propia casa, donde la falsa mujer y el mal amigo estarían juntos. Compró un puñal, porque a éstos deseaba verlos morir y saborear las convulsiones de su agonía.
Así que se puso el sol, vistió sus ropas de mendigo y, apoyado en un palo, tomó el camino de la casa que pensaba incendiar. Caminaba como el Destino, entre tinieblas más densas cada vez, cuando a una revuelta de la carretera advirtió cierta claridad misteriosa que alumbraba vivamente el paisaje, y se le aparecieron, juntas y cogidas de la mano, dos mujeres que formaban singular contraste.
Una era amarilla, escuálida, tan escuálida que los huesos se entreparecían bajo la seca piel; tenía palmas de esqueleto, y al través de los polvorientos crespones negros que la cubrían, se notaba que carecía de seno y de toda redondez femenil; con la mano derecha empuñaba y esgrimía reluciente hoz. La otra mujer era lozana, mórbida, colorada, blanca y de un rubio encendido los cabellos; vestía gasas de mil colores: rojo, verde, rosa, azul, aunque pegada al cuerpo llevaba una túnica negrísima. Zenón miraba a las dos apariciones, como preguntando qué le querían, hasta que ambas dijeron a una voz:
-Somos las Vengadoras y nos presentamos para que elijas, entre las dos, la que creas más eficaz.
Yo -añadió la mujer escuálida- me llamo Muerte, y soy por ahora tu preferida. Has apelado a mí para vengarte de tus enemigos, y tienes resuelto carbonizar a los unos y coser a puñadas a los otros. Heme aquí dispuesta a complacerte sin tardanza; así como así, poco trabajo me cuesta darte gusto, porque es cuestión de adelantar los sucesos: año arriba o abajo, tus enemigos no podrán librarse de esta hoz que empuño.

-Escucha -intervino la lozana mujer-: antes de que te entregues a mi hermana, que te engatusará por lo sencillo y expeditivo de los recursos que emplea, atiéndeme a mí, y de seguro que yo seré la elegida. Para convencerte no necesito sino enseñarte los cuadros de mi linterna mágica. Abre los ojos y mira bien.
Zenón miró, y sobre el fondo blanco del paño que extendía la mujer hermosa, vio agitarse las siluetas de sus aborrecidos hermanos. El menor echaba a hurtadillas una pulgarada de polvos blancos en la taza del mayor, y el mayor, después de haber bebido lo que contenía la taza caía al suelo entre horrendas convulsiones; pero no moría; arrastrábase largo tiempo apoyado en un báculo, y en cada plato que le servía el menor, mezclaba nuevo tósigo, hasta que el envenenado se iba quedando imbécil, reducido a la idiotez y abandonado de todos y cubierto de miseria expiraba en un rincón. Así que moría, su espectro comenzaba a aparecerse en sueños al culpable, a quien Zenón veía erguirse en la cama, trémulo, con el pelo erizado y los ojos fuera de las órbitas. Cambió de personajes la linterna, y se destacaron las siluetas de la esposa y del amigo de Zenón: ella siguiendo a su querido como la sombra al cuerpo, abrasaba en celos rabiosos; él procurando huir, lleno de hastío, de aquella amante ya marchita por la edad y las pasiones. Escondíase él, o se pasaba el día en casa de otras mujeres, y ella lloraba, y sus lágrimas eran como gotas de fuego que abrasaban el paño donde caían. Ya cansado de que le espiasen y le acusasen, él se volvió y Zenón fue testigo de cómo el seductor de su mujer le ponía en el rostro la mano...

-Esta será mi obra -pronunció la Vida solemnemente- si no se atraviesa mi hermana y me apaga la linterna. Ahora, tú dirás, Zenón, cuál de nosotras dos te conviene para Vengadora. ¿Sigues con el propósito de incendiar y acuchillar? ¿Quieres que te ayude la Muerte?

-No -respondió Zenón, que se limpió una lágrima-. Si la crueldad y el odio aún persistiesen en mí, lo que pediría a tu hermana sería que tardase muchos, muchos años en pasar el umbral de mis enemigos, y que te dejase a ti paso franco. -\
Con tanta más razón -dijo irónicamente la Muerte, algo despechada, pues al fin es mujer, y no gusta de que la desairen- cuanto que yo, tarde o temprano, no he de faltar, y que en mi danza general todos harán mudanza, sin que les valgan excusas.

Fuente
Parece una metáfora desgarradora de nuestro país. La Vida nos devolverá la paz/ Demos el tiempo. A los que nos hicieron tanto mal la Vida se encargará de cobrárselo. Qué vivan mucho!!!

5 abr 2014

Venganza o defensa?

Lo que ha sucedido estos días con los llamados linchamientos ha puesto en evidencia algo que quizás no nos percatábamos: el miedo en soledad que estábamos viviendo y la posibilidad de convertir ese miedo en valentía colectiva. No venganza, sino defensa colectiva.
La ley no nos protege, la política no nos protege, las instituciones no nos protegen. Es interesante el planteo que hace Diana Cohen Agrest: El hombre se humaniza con la sociedad y una de las condiciones de la naturaleza humana es el poder de la venganza. En un principio alguien mataba una vaca y el dueño de la vaca se vengaba matando al otro. Luego por el ojo por ojo: te mataban la vaca y vos le matabas la vaca. Un bien lesionado por otro bien lesionado equivalente.
Con el Contrato Social el hombre renuncio a vengarme porque dejo en manos de la justicia que se venga por mí.
Y según este pensamiento lo que está sucediendo es que como la justicia no se venga por mí se rompió el Contrato Social y se hace justicia por manos propias.
Ese pensamiento lógico puede ser. Pero sacando un pensamiento positivo de lo que nos pasa es que nos dimos cuenta que solos somos carne de cañón de malvivientes. Juntos es solidaridad.
Daría la impresión que no hay voluntad de linchamiento hasta que no sea explícito(un solo caso). Hay demostración que no se les tiene miedo y eso es lo que los vecinos están haciendo en conjunto. Enfrentar el delito. Ellos estaban ganando la calle. La ciudadanía la está recuperando con valentía. Cercano a la temeridad, porque vuelan las balas. Pero los ciudadanos comunes también estamos jugados. Las balas vuelan en la puerta de tu casa sin que intervengas en ningún caso.


En Recreo, Santa Fé, un centenar de habitantes logró finalmente que una familia relacionada con el narcotráfico dejara la comunidad cuando incendió parte de la vivienda y un automóvil
En el barrio Nueva Pompeya de la ciudad de Santa Fé,  los vecinos detuvieron y golpearon a un hombre que intentó robarle la cartera a una joven de 21 años.
El caso de Rafaela pudo haber terminado en una tragedia, ya que los ladrones cubrieron su huida a los tiros. Los vecinos los persiguieron en tres autos y una moto, pero los delincuentes ingresaron a un barrio de emergencia y lograron escapar.
Un grupo de vecinos decidió hoy a la mañana demoler un búnker de drogas en Lima al 1900, ubicado en la zona oeste de Rosario, luego de que una adolescente de 14 años fuera herida de bala en una pierna por un comprador de estupefacientes que sacó un arma y comenzó a disparar.
Habrá violentos, habrá infiltrados del Gobierno con fines de exaltarnos, pero lo bueno, lo bueno es que estamos encontrando la forma de DEFENDERNOS. Y eso no tiene por qué ser venganza.

29 ene 2011

Qué nadie nos apague la linterna!!!

Había un hombre muy perseguido, no tanto por la suerte como por los demás hombres, sus prójimos y, especialmente, por los que debieran profesarle cariño y tenerle ley. No parecía sino que, por negra fatalidad, a Zenón toda la miel se le volvía hiel o mejor dicho, ponzoña. Sus hermanos, se concertaron para despojarle de la herencia paterna y le dejaron en la calle, sin más ropa que la puesta, sin techo ni lumbre. Casóse, y su mejor amigo le afrentó públicamente con su mujer y, como si no bastase, la vil pareja le acusó de falsario, forjó pruebas contra él y logró que le sentenciasen a presidio, donde, inocente, arrastró largo tiempo el grillete de los criminales.
Aunque Zenón tenía al principio el alma abierta y generosa, el carácter noble y suma bondad, las traiciones, persecuciones y calumnias, el deshonor, los ultrajes y los desengaños fueron ulcerando su espíritu y cambiando su ser de tal manera que, en vez de resignarse y perdonar, sintió poco a poco crecer en su corazón un espantable deseo, una sed ardentísima de venganza. Ya no ansiaba cumplir el tiempo de su condena por ser libre y volver a la sociedad, sino por buscar ocasión de saciar la ira que, gota a gota, había ido destilando. Con paciencia, hilo a hilo, iba tejiendo la trama, y restregándose las manos gozoso, decía para sí: «Hoy salgo y mañana vuelvo a la prisión, pero de esta vez vuelvo por algo, por haber pagado a mis enemigos con usura el mal que me hicieron. Inocente me encerraron aquí, y otra vez me encerrarán culpable, pero habiendo saboreado las delicias del desquite. Véngueme yo, y álcese el patíbulo después.»
Cumplió Zenón su tiempo y salió de las cárceles, resuelto a poner por obra sus airados propósitos. Lo primero que determinó fue pegar fuego a la casa solariega que le pertenecía y de donde sus hermanos le habían expulsado con dolo. Así que las llamas subiesen muy altas y los clamores de los encerrados fuesen extinguiéndose -lo cual probaría que ya los tenía asfixiados el humo-, Zenón huiría, yendo a introducirse secretamente en su propia casa, donde la falsa mujer y el mal amigo estarían juntos. Compró un puñal, porque a éstos deseaba verlos morir y saborear las convulsiones de su agonía.
Así que se puso el sol, vistió sus ropas de mendigo y, apoyado en un palo, tomó el camino de la casa que pensaba incendiar. Caminaba como el Destino, entre tinieblas más densas cada vez, cuando a una revuelta de la carretera advirtió cierta claridad misteriosa que alumbraba vivamente el paisaje, y se le aparecieron, juntas y cogidas de la mano, dos mujeres que formaban singular contraste.
Una era amarilla, escuálida, tan escuálida que los huesos se entreparecían bajo la seca piel; tenía palmas de esqueleto, y al través de los polvorientos crespones negros que la cubrían, se notaba que carecía de seno y de toda redondez femenil; con la mano derecha empuñaba y esgrimía reluciente hoz. La otra mujer era lozana, mórbida, colorada, blanca y de un rubio encendido los cabellos; vestía gasas de mil colores: rojo, verde, rosa, azul, aunque pegada al cuerpo llevaba una túnica negrísima. Zenón miraba a las dos apariciones, como preguntando qué le querían, hasta que ambas dijeron a una voz:
-Somos las Vengadoras y nos presentamos para que elijas, entre las dos, la que creas más eficaz.
Yo -añadió la mujer escuálida- me llamo Muerte, y soy por ahora tu preferida. Has apelado a mí para vengarte de tus enemigos, y tienes resuelto carbonizar a los unos y coser a puñadas a los otros. Heme aquí dispuesta a complacerte sin tardanza; así como así, poco trabajo me cuesta darte gusto, porque es cuestión de adelantar los sucesos: año arriba o abajo, tus enemigos no podrán librarse de esta hoz que empuño.

-Escucha -intervino la lozana mujer-: antes de que te entregues a mi hermana, que te engatusará por lo sencillo y expeditivo de los recursos que emplea, atiéndeme a mí, y de seguro que yo seré la elegida. Para convencerte no necesito sino enseñarte los cuadros de mi linterna mágica. Abre los ojos y mira bien.
Zenón miró, y sobre el fondo blanco del paño que extendía la mujer hermosa, vio agitarse las siluetas de sus aborrecidos hermanos. El menor echaba a hurtadillas una pulgarada de polvos blancos en la taza del mayor, y el mayor, después de haber bebido lo que contenía la taza caía al suelo entre horrendas convulsiones; pero no moría; arrastrábase largo tiempo apoyado en un báculo, y en cada plato que le servía el menor, mezclaba nuevo tósigo, hasta que el envenenado se iba quedando imbécil, reducido a la idiotez y abandonado de todos y cubierto de miseria expiraba en un rincón. Así que moría, su espectro comenzaba a aparecerse en sueños al culpable, a quien Zenón veía erguirse en la cama, trémulo, con el pelo erizado y los ojos fuera de las órbitas. Cambió de personajes la linterna, y se destacaron las siluetas de la esposa y del amigo de Zenón: ella siguiendo a su querido como la sombra al cuerpo, abrasaba en celos rabiosos; él procurando huir, lleno de hastío, de aquella amante ya marchita por la edad y las pasiones. Escondíase él, o se pasaba el día en casa de otras mujeres, y ella lloraba, y sus lágrimas eran como gotas de fuego que abrasaban el paño donde caían. Ya cansado de que le espiasen y le acusasen, él se volvió y Zenón fue testigo de cómo el seductor de su mujer le ponía en el rostro la mano...

-Esta será mi obra -pronunció la Vida solemnemente- si no se atraviesa mi hermana y me apaga la linterna. Ahora, tú dirás, Zenón, cuál de nosotras dos te conviene para Vengadora. ¿Sigues con el propósito de incendiar y acuchillar? ¿Quieres que te ayude la Muerte?

-No -respondió Zenón, que se limpió una lágrima-. Si la crueldad y el odio aún persistiesen en mí, lo que pediría a tu hermana sería que tardase muchos, muchos años en pasar el umbral de mis enemigos, y que te dejase a ti paso franco. -\
Con tanta más razón -dijo irónicamente la Muerte, algo despechada, pues al fin es mujer, y no gusta de que la desairen- cuanto que yo, tarde o temprano, no he de faltar, y que en mi danza general todos harán mudanza, sin que les valgan excusas.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/pardo/nuevos.htm
Parece una metáfora desgarradora de nuestro país. La Vida nos devolverá la paz/

22 abr 2010

Si tienes miedo a la oscuridad, prende la luz


Cuando hace 6 años hablábamos de una ley desconocida como la 25873 llamada Ley espía, nos decían: yo no tengo nada que ocultar. Cuando planteábamos lo peligroso que era que alguien quisiera tener grabado por 10 años todo lo que dijéramos por cualquier medio ya sea mails,teléfono de línea, celulares y cualquier otro a inventarse, no se comprendía la intención del uso, que este gobierno podría hacer de tanta información. Ayer en TN la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú contaba cómo cuando era interrogada por un policía en la época de la dictadura y conocer que el mismo tenían una "carpeta" con sus antecedentes sobre la mesa, le hizo temblar las piernas. Se pueden imaginar qué puede hacer un poder vengativo (no sólo déspota) si cuenta con una "carpeta" lograda con la tecnología que existe en estos tiempos, donde todos exponemos, de una u otra forma, nuestra intimidad?. Y así estamos. Periodistas, no sólo medios de comunicación, amenazados por una publicación que los señala como blancos de un grupo ideologizado hasta niveles incalculados.
En el caso Lozano, si le hacen eso a los "amigos", a los políticos que les dieron las leyes que les permitieron tomar el poder que tienen, qué le harán a los "enemigos"!!!. Ése es el mensaje que le llega a la gente. Todo lo que sea "operación", ya sea causa o consecuencia, es un mensaje "cultural" que se envía a la sociedad. Se sigue instalando la "cultura del miedo" con la terrible consecuencia sobre la participación ciudadana, base de un país democrático. Nos están haciendo mucho daño, todos. Les recuerdo que se aprende de las víctimas, de su reacción, no de los victimarios. Qué hacemos con un gobierno no sólo autoritario, sino también vengativo y que está empezando a hacer "operaciones" para aumentar su poder?. Como dijo Mario Bunge, cuando uno tiene miedo a la oscuridad, prende la luz y se va.

12 sept 2009

El hilo de Ariadna para salir del laberinto



Rey Minos, de Creta en su irrefrenable deseo de venganza impuso penas terribles a Atenas . Durante 9 años, los atenienses debían enviar a la isla de Creta a 7 jóvenes y a 7 doncellas, para ser devorados por el minotauro. El minotauro, mitad hombre y mitad toro, vivía en un laberinto, cercano a Cnosos, capital de Creta.
Al tercer año, el hijo del rey ateniense Egeo, llamado Teseo, se ofreció voluntariamente, pues se consideraba capaz de enfrentar y dar muerte al minotauro.
Al enterarse el Rey Minos, expresó:- te diré que, aunque mates al minotauro, jamás encontrarás la salida del laberinto.
-No me importa- respondió el joven Teseo, me basta con matar al monstruo y ser útil a Atenas.
Ariadna (hija de Minos), secretamente, por la noche se acercó al joven y le entregó un puñal y un ovillo de hilo, diciendo:-Con este puñal mágico, podrás atravesar el corazón del minotauro, y si sigues el hilo de este ovillo podrás hallar la salida. Agradecido quedó el joven Teseo, y penetró en el laberinto, desenvolviendo el ovillo de hilo hasta enfrentarse con la bestia. Después de ardua lucha, logró atravesar el corazón del minotauro. Rescató a sus compañeros, con los que emprendió el camino de regreso siguiendo el hilo. Fue aclamado por la gente de Cnosos por haberlos liberado del monstruo y del salvaje castigo que año a año debían tributar al minotauro.
Teseo, victorioso, regresó a Atenas en su nave con las velas desplegadas.

SIEMPRE HAY SALIDAS DE UN LABERINTO CON CORAJE, AMOR A LA PATRIA, SENTIDO DEL BIEN COMUN, SOLIDARIDAD Y UN INTENSO DESEO DE LIBERTAD.