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7 feb 2020

1933 Rosario: la Chicago Argentina II



Vimos cómo se construyó el Hospital Centenario, monumento al civismo rosarino. donde contamos cómo un conjunto de rosarinos quisieron dejar su marca en el centenario del nacimiento de la patria (1910) y decidieron donarle ese Hospital a la ciudad de Rosario.
Hoy vamos a saber cómo y quién donó la Maternidad Martin y por qué. Ya no será una acción generosa y comprometida, un porque sí, como pasó con el Centenario, sino que fue en agradecimiento de que un hijo apareció con vida.
"Mafia es una palabra que tiene muchas acepciones. Pero en los primeros años del siglo XX tenía un sentido bien definido para los habitantes de Rosario: era el término con el que se designaba a grupos bien conocidos de delincuentes, en su mayoría de origen italiano, que se dedicaban a la extorsión y el secuestro extorsivo. Fue un largo proceso que llegó a su eclosión, y también a su debacle, durante la Década Infame. El secuestro de Marcelo Enrique Martin, del que en estos días se cumplen 87 años, fue el caso que puso al descubierto a una de las organizaciones mejor estructuradas, la que respondía al célebre Juan Galiffi, alias Chicho Grande.
Los secuestros de Florencio Andueza, en Venado Tuerto (1930); Julio Nannini y Carlos Gironacci, en Arroyo Seco (1931), y Jaime Favelukes, en Buenos Aires, y Abel Ayerza, en Marcos Juárez (1932), instalaron a la mafia en el imaginario colectivo como un poder presente en todas partes y ninguna, capaz de eludir cualquier investigación. Aquellos episodios tuvieron algo en común: fueron planeados por mafiosos radicados en Rosario.
El último episodio de esa serie ocurrió en la noche del 29 de enero de 1933. Marcelo Enrique Martin dejó su voiturette en el garaje El Volante, en Tucumán 1849, y caminó hasta su casa, en Urquiza 1484. Cuando iba por esa calle, antes de llegar a la esquina de Paraguay, sobre la vereda de la iglesia San Bartolomé, fue abordado por un desconocido.
Roberto Badano y su hija Esilda, únicos testigos, vieron cómo otros dos hombres tomaban a Martin por atrás y le colocaban un pañuelo en la boca y una capucha en la cabeza. Así, luego de recoger un revólver, caído en la vereda en medio del forcejeo, lo hicieron subir a un taxi marca Hudson, color verde aceituna, de capota blanca. El vehículo tomó por Paraguay y salió a toda velocidad hacia el sur.
La familia de Martin recibió luego una carta donde le pedían 150 mil pesos como rescate. La víctima había sido bien elegida: era el hijo de Julio Martin, ex presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario y fundador de la yerbatera que llevó su apellido.
En el Cruce Alberdi
A las 4.30 del 31 de enero, Alberto Julio Martin, hermano de Marcelo, pagó el rescate en el Cruce Alberdi. De acuerdo a las exigencias de los secuestradores, iba en un auto con la capota y el parabrisas plegados y un pañuelo en el radiador; llevaba la plata en un maletín y la entregó con la mano izquierda, sin mirar al que la recibía.
La familia no hizo ninguna denuncia, pero el secuestro trascendió a la prensa. En esa época aún era un enigma el destino de Abel Ayerza, en poder de mafiosos en la provincia de Córdoba desde octubre de 1932 (en febrero de 1933 se supo que había sido asesinado)."  Vimos que el conocimiento de la muerte de Abel Ayerza fue el que produjo el levantamiento de la gente pidiendo leyes más duras contra el delito y lo que se llamó la "campaña de limpieza" y una serie de procedimientos contra la actividad mafiosa.
"Para calmar la ansiedad pública, el 1º de febrero Martin salió a pasear con su Cadillac por el parque Independencia, con su amigo Héctor Astengo, suceso del que dieron cuenta los diarios.
Su madre, Angela Joostens de Martin, había prometido que si salía indemne donaría una maternidad para la ciudad: la promesa se concretó el 8 de julio de 1939, con la inauguración de la Maternidad Martin."
Fuente
Si cliquean en la etiqueta la Chicago argentina verán cómo se desarticuló esa mafia.

6 oct 2018

Sarmiento comparó a Rosario con Chicago en 1888.



El 19 de mayo de 2012 publicamos Rosario, la Chicago Argentina con la misma connotación que Luis Casabal publica en el diario La Nación Cuando la llamaban la Chicago argentina. Según Casabal a fines del siglo XIX y principios del XX se convirtió en el principal puerto cerealero del país y no sólo albergó el paso de miles de marineros y extranjeros, sino que también cobijó otro tipo de desembarco, el de la prostitución. Fue el trampolín de la mafia en el país y, de allí, el bautismo de “la Chicago argentina”.

Pero hay algo que me lleva a investigar, por razones de fechas y una carta de Sarmiento al destacado rosarino David Peña en la qué compara a las dos ciudades en 1888.

Así hay datos que nos ayudan a entender:

Entre 1851 y 1887, la población de Rosario se multiplicó 17 veces por la inmigración. Las actividades económicas crecieron de modo exponencial y las pocas decenas de comercios, pequeños talleres y barracas que funcionaban en 1860 se transformaron a finales de la década de 1880, en casi 3.000 establecimientos comerciales, financieros, de transportes y de servicios.
Alicia Megías en “El imaginario de Rosario, siglos XIX- XX investiga la transformación y observa el hecho que antes de 1852, Rosario haya sido apenas  un irrelevante  poblado  destaca  aún más la excepcionalidad del fenómeno iniciado a partir de esa fecha.

 El crecimiento vertiginoso -sin “precedente en la historia de los pueblos Hispano-Americanos”; el “más rápido de la América del Sur” ya que la “extraordinaria transformación” ocurrió en un “lapso tan relativamente corto” que una misma generación había podido “disfrutarla”. Se trataba de una ciudad “improvisada en unas cuantas horas” . Ninguna ciudad argentina podía jactarse de ser “una ciudad cosmopolita", ni permitía vislumbrar tan “inmenso porvenir”. Tenía, además, una ubicación “tan notablemente ventajosa” que sólo bastaba una “ojeada al mapa de Sudamérica para indicarlo como el punto más importante del Continente” . De ese modo, el carácter reciente devino en una cualidad positiva y posibilitó a la ciudad sin pasado o con un pasado poco eminente, crecer de cara a un futuro que sería inevitablemente próspero. Por esa singularidad, dice Alicia Megías, sólo podía encontrar arquetipos o modelos en las modernas y cosmopolitas ciudades de Estados Unidos -alternativamente Chicago o las nuevas poblaciones de California-

Y es así como en 1888 en la carta que Sarmiento dirige al eminente rosarino David Peña dice:
“Ahora el Rosario es la primera ciudad de la República Argentina por el número de sus habitantes y su asombroso movimiento, sus muelles, su red de ferrocarriles, de circunvalación y subterráneos...El Rosario es el Chicago del Río de la Plata, al que los ascensores colosales envían torrentes de trigo y lino que van a desembarcarse a Inglaterra.. (fuente: Revista Rosario, la fuerza de su historia N.º 8 página 3).

La mafia en Chicago fue posterior, entrado el siglo XX. Sarmiento la nombra Chicago por sus características positivas en 1888.

Posiblemente las dos ciudades hayan llegado a compararse por sus mafias en los años posteriores y las dos versiones sean posibles. Los vicios propios de una gran ciudad portuaria?. Habría que seguir investigando para saber qué otras virtudes tienen...

19 may 2012

1932: Rosario: la Chicago argentina


En la década del 30, la ciudad de Rosario se ganó un apodo dentro de las crónicas policiales: la Chicago argentina. Las andanzas de dos italianos, Juan Galiffi -conocido como Chicho Grande- y su rival Francisco Morrone -Chicho Chico-, generaron el cambio de nombre. Galiffi era señalado como el jefe de una asociación mafiosa llamada la Honorable Sociedad. A los dos se los acusaba de asesinatos, estafas y secuestros.
El más cruel de los primeros raptos, organizado por la mafia siciliana, tuvo repercusión nacional .Lo llamaron "el secuestro del siglo". La desaparición y el asesinato de Abel Ayerza, en el inicio de la Década Infame, un joven de 24 años, perteneciente a una familia tradicional de Buenos Aires, ligado a grupos nacionalistas y con amigos cercanos al poder desató una conmoción y provocó importantes repercusiones. Ayerza fue secuestrado el 23 de octubre de 1932. Los secuestradores se llevaron también a Santiago Hueyo (su padre era ministro de Hacienda del presidente Justo), aunque horas después lo liberaron con un mensaje: pretendían 120 mil pesos. El pago se realizó en Rosario, de acuerdo a lo acordado, pero el cautivo no apareció.
Otro secuestro en Rosario reactualizó el misterio de Ayerza. La familia del joven emprendió una investigación por su cuenta. Un allegado a la familia y un policía porteño contactaron en Rosario a Carmelo Vinti, antiguo referente de los grupos mafiosos . Sometido a torturas, Carmelo Vinti reveló que Ayerza había sido asesinado.En aquellos tiempos los delincuentes cumplían con la palabra empeñada y una vez pagado el rescate liberaban sin daños a la víctima. Pero hubo un serio inconveniente… La leyenda dice que una vez pagado el rescate, se envío un telegrama a Corral de Bustos, donde se encontraba detenido Ayerza y por una mala interpretación en el frío papel del telegrama parecía decir: Maten al Chancho, en lugar del salvador Manden al chancho, clave con que se comunicaban los mafiosos en su mayoría italianos.
Una vez encontrado el cuerpo el entierro de Ayerza, en el Cementerio de la Recoleta, dio lugar a un acto multitudinario. Los discursos fúnebres exhortaron a adoptar leyes más duras contra el delito y para el control de la inmigración y la policía emprendió de inmediato una "campaña de limpieza", como se denominó a una serie de procedimientos contra las actividades mafiosas. La deportación de Galiffi, en 1935, fue una consecuencia de la onda expansiva de ese asesinato. "Se tiene la certeza de que en las inmediaciones de Rosario, en dirección a Buenos Aires, se encuentran los principales centros de actividades de los mafiosos", denunció una crónica de la época. Y nadie la desmintió. Osvaldo Aguirre / La Capital
El caso Ayerza inspiró dos obras de teatro: “La Maffia” y “Don Chicho” y tres películas: “Bajo las garras de la mafia” (1933, Ugo Anselmi), “Asesinos” (1933, José García Silva) y “La maffia” (1972, Leopoldo Torre Nilsson).