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28 abr 2017

No tengas celos...Hay para todos...

Otra hermosa frase de El Principito: el amor es lo único que crece cuando se reparte.
Quería expresar otra cosa, similar: el corazón es elástico, tiene capacidad para todos . No tienes que sacar a nadie para poner a otro, todos caben. Y crece cuando lo dejas libre de amar a quienes sean: un hermano, una amiga, un nieto.
Con cada uno nos comunicamos, posiblemente, de distintas maneras. Ésa es la única diferencia. Porque tenemos afinidad en algo en particular, porque tenemos los mismos códigos de entrada, porque el enganche se hizo por ahí, porque se trabajó la relación de una forma, porque la proximidad lo permite.
Pongo un ejemplo práctico: una madre puede tener la casa llena de retratos de algún hijo que no ve seguido, por razones de distancia y la hija, que manifiesta celos por no estar en ese sitial, se está llevando, en ese momento, una tarta en sus manos, hecha con todo amor por su mamá para su nieto (su hijo). A ella le podía hacer la tarta y a su hermano, no. El amor es el mismo, la comunicación es diferente. Lo bueno es que la hija pudo identificar qué le dio celos y decirlo, porque lo primordial es poder racionalizar la causa. Sino se confunden las razones y se convierten en discordia.
No hablo de amor de pareja, porque lógicamente si alguno reparte, traiciona.
Menos de amantes (ja):
Éste tema da para más. Amar no indica pertenencia.

12 mar 2017

El peligroso juego fascinante de la sumisión.


¿Qué fantasía activa en el público el esquema de ser una “sumisa” declarada, que consiente como regla de vida ser la posesión de un hombre a quien “obedece”? Un hombre que le ordena cómo vestirse,cómo dirigirse a él, cómo tratarlo. Hay novelas, series que fascinan a miles de mujeres.
¿Pero qué cautiva a las chicas de la idea de ser sumisas? Que la pareja le prohiba cosas? Sea viajar o trabajar. O que desarrollara todo tipo de estrategia de control sobre su vida ante una patalogía de dominación  
Los que no son millonarios, no compran vestidores, ni viajan en embarcaciones, son cientos. Ejercen su poder con lo que tienen a mano, y como la mujer les pertenece la matan si los deja. Tan simple como eso. A veces ofrecen una aparente estabilidad. O protección. O esa necesidad vital de todo ser humano que es el anhelo de ser amados. Un anhelo por el que damos todo. Pero, ¿en cuántas relaciones “todo” empieza con ese juego en que “entregarse” es ceder control? ¿En cuántas relaciones parte de ese poder lo da el poder económico? ¿En cuántas relaciones las chicas disfrutan de ese poderío del hombre sobre ellas hasta que deja de ser parte de la seducción y surgen la privación de sus libertades, los celos enfermizos, los golpes o la muerte?
El sadomasoquismo en las relaciones sexuales es lo menos problemático. El placer físico que puede derivar del dolor en una relación sexual -por más excéntrico que parezca- si deviene del consentimiento mutuo entre adultos es una cosa. Si deriva de la imposición es abuso, violación, tortura. Así de drástico. Y ahí surge la oscuridad. Entonces ¿por qué fascina la sumisión que plantean ciertas historias televisivas a miles de mujeres en un mundo que marcha por los derechos femeninos en todas las geografías?
¿Cómo debemos encarar las mujeres una relación para que sea sana? La desesperación por concretar un vínculo, por no estar solas, por realizar el sueño de casarse o tener un hijo, por acceder a cierto status a través de un hombre, por tener un sustento o protección, deriva en un escenario de absoluta desventaja en el que la transacción puede resultar demasiado cara o irreversible si lo que se cede es la propia libertad. ¿Pero nos educan a las mujeres para la autonomía? ¿O se cree que eso es automático? ¿O mejor no pensar? Y planteo esto despojándolo de cuestiones morales y poniéndolo en el plano de la preservación personal. El tema aquí no es cómo empiezan sino en qué se convierten o cómo terminan.
Si acaso piensan que los celos, el control o la posesión son una muestra de amor y eso les impide poner un límite a tiempo. Y si luego todo se des-controla y se cruza una línea de la que ya no se puede volver. Y descubren que están presas.¿Cuáles son nuestras sombras oscuras?  ¿Podemos seguir sin pensarlo al menos?
fuente
Es un reto  no dejarse atrapar por un amor que no es verdadero amor, por una relación que es absorbente, que en lugar de darte alas, te las corta y te encadena.

Fijate cómo esta poesía describe bien ese orgullo de sumisión como entrega:
Tú dirás triunfante, con salvaje grito:
 ¡Eres mía!..."Yo diré bajito,
Muy bajo: "Soy tuya".
Tu amor es de presa, de ofrenda es mi amor:
La vida me ha dado la parte mejor (sic)
Ángela Figuera

20 sept 2013

Qué los celos de nadie te priven de amar!!!


Los celos que uno encuentra hasta en los niños más pequeños nunca nos pueden privar de amar con la intensidad que uno está dispuesto. Siempre llevando la calma de que el amor no compite. El amor es un alimento del alma. El alma no tiene el límite del estómago. En cada uno de nosotros tenemos la capacidad de recibir todo el amor que nos quieran dar y es un abono que permite a todas las personas el desarrollo de una vida sana. Eso es lo que todos y cada uno de nosotros tiene que entender. El amor no es excluyente, es acumulativo y es interactivo.
Es asombroso ver la expresión de los celos en niños pequeños. Los padres suelen dar lugar a esos celos y por no herirlos privan o se privan de intercambiar afectos ante ellos. La riqueza de poder recibir amor y el de poder darlo, es la única que llevamos con nosotros durante toda nuestra vida.

Como dice este texto nadie se puede interponer entre un niño y alguien dispuesto a darle amor-
Es un alimento del que se le priva y que no puede ser reemplazado por otro. Cada uno ocupa un lugar en el corazón de un  hijo, un nieto, un amigo. Ese lugar es único. No puede ser sustituido, no puede ser reemplazado, no ocupa el lugar de otro. Los celos son un mal que viene con nosotros, instintivo, cultural, o lo que sea, pero educado permite transformarlo en amor no mezquino. Es tan así que si faltando un amor de esos amores que ocupan un lugar, el querer reemplazarlo, lo único que logra es destacar el lugar vacío. Amar es lo más maravilloso que tiene la vida y es infinito.

7 jul 2013

El amor es pura matemática.

El amor puede ser de suma, resta, multiplicación o división. Depende de los celos y la posesión.
Primero tenemos que diferenciar si se quiere o se desea a alguien. Dos podemos querer a la misma persona y tener su amor. Dos no podemos desear a la misma persona y ella corresponder a ambas. Y ahí está la diferencia entre las dos maneras de amar. En el segundo caso el amor de ambas personas es excluyente, implica acuerdo de reciprocidad unívoca. Se da en la pareja. Ahí capaz que los celos sean necesario para no perderlo, no?. Es como defender la quintita...jaja
 Pero en el primer caso todos los amores se suman y benefician al receptor de ese amor y a ese amor me quiero referir.  Los celos son tan destructivo para el que lo tiene, como para el que podría recibir el amor de varias personas: llamémosle amigos, ambos padres, hermanos, abuelos, tíos.  Si el que quiere a una persona le mezquina la posibilidad de ser querido por otras, le priva de la sumatoria de afectos que lo enriquecen como personas. Eso es muy importante para nuestra visión de las relaciones humanas. Lo vemos a diario con los celos de padres, de hermanos, de amigos, con abuelos,. Puede haber mayores o menores afinidades que fortalecen los vínculos de una manera distinta pero no por ello menor. Suele pasar, por ejemplo, con un padre con respecto a uno de sus hijos  cuando percibe una cierta identificación. Pero no significa que mientras comparte esa afinidad quiere menos a los otros. Es, llamémosle, una preferencia momentánea, un mientras tanto. Si se sienten celos de que los otros disfruten de esas afinidades y no se comparte ese disfrute, es uno mismo el que se está restando la oportunidad de vivir los buenos momentos de su comunidad, que suman y no restan. Si a nuestra reciprocidad le sumamos las que nuestros seres queridos tienen con los demás, los celos pierden su razón de ser y los afectos se multiplican. Y ,fundamentalmente, no dividen.