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18 sept 2019

Utopía como una invitación a la pereza.



Suprimir el concepto utopía de la mente y el espíritu humanos fue uno de llamados que hizo el escritor José Saramago, al inaugurar una cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México(año 2005).

"
Utopía -definió- es algo que no se sabe dónde está, ni cuándo, ni cómo se llegará a ella. La utopía es como la línea del horizonte: sabemos que, aunque la busquemos, nunca llegaremos a ella, porque siempre se va alejando conforme se da cada paso; siempre está fuera, no de la mirada, pero sí de nuestro alcance."
(
En nuestro margen se podrá leer la declaración de Utopía de Eduardo Galeano, linda diferencia)

El primer recuerdo de Saramago se remontó a mediados de los 90, cuando fue convocado a Oviedo, España, como parte de un grupo de escritores, filósofos y sociólogos, con el fin de elaborar 10 propuestas para el nuevo milenio. Fue en esa parte de la charla en la que
Saramago se declaró contrario a las utopías, y contó que, a diferencia de sus colegas, decidió en aquella ocasión enfocar sus propuestas "para el día del mañana". Entre otras mencionó acabar con el hambre, "porque es algo que se puede", y regresar a la filosofía.

Regresar a la filosofía, precisó, no significa hacer una humanidad de filósofos, sino
recuperar el cultivo del pensar, de la reflexión, del criterio crítico, del análisis objetivo, luego de que "nuestra condición humana está siendo reducida a una especie de máquina parlante que con el uso empeora cada vez más y se reduce a tópicos, a lugares menos que comunes, a un empobrecimiento del lenguaje".

Para él,
el ser humano recurre a la utopía por una especie de frustración: la imposibilidad de situar en un tiempo y un lugar determinados algo que necesita o le gustaría que sucediera ahora.

"
Si alguna palabra retiraría yo del diccionario sería utopía, porque no ayuda a pensar, porque es una especie de invitación a la pereza. La única utopía a la que podemos llegar es al día del mañana", enfatizó.

"Dejemos la línea del horizonte, dejemos la utopía, no se sabe dónde está, ni cómo, ni para cuándo;
el día de mañana es el resultado de lo que hayamos hecho hoy. Es mucho más modesto, mucho más práctico y, sobre todo, mucho más útil."

Tras expresar que
tampoco le agrada mucho la palabra esperanza, por ser una especie de sinónimo de utopía, José Saramago asumió que no creer en la utopía es poco redituable e incluso negativo para quienes, como en su caso, se asumen y declaran de izquierda, "porque el concepto de utopía va unido al concepto de izquierda; si no se tiene una utopía uno no es de izquierda". No obstante, subrayó que resulta "absolutamente todo lo contrario", ya que, para fines políticos, se debe saber que uno está y puede trabajar sólo en la realidad.


EN EL GOBIERNO DE MACRI SE TERMINÓ DE DEMOSTRAR QUE NO SE TERMINA CON EL HAMBRE DANDO PLANES, DANDO DINERO, HACIENDO COMEDORES, MANTENIENDO GENTE SIN TRABAJAR. Es la conclusión de una utopía argentina que continuó.
SE LES DEBE DAR SEMILLAS, GALLINAS, CONEJOS, PARA QUE FABRIQUEN SUS ALIMENTOS. ESTO ES CONCRETO Y TENGO EJEMPLOS COMO EL DE CAÑUELAS. SI LES INTERESA LES DIGO CÓMO.

23 ago 2016

La memoria, qué memoria?

"Hay un dicho que es tan común como falso: El pasado, pasado está, creemos. Pero el pasado no pasa nunca, si hay algo que no pasa es el pasado, el pasado está siempre, somos memoria de nosotros mismos y de los demás, en este sentido somos de papel, somos papel donde se escribe todo lo que sucede antes de nosotros, somos la memoria que tenemos."
José Saramago

 Si como dice Saramago somos papel, donde se escribe todo lo que sucede antes de nosotros, también somos lectores de lo que escribimos. Y la lectura no siempre es igual para los que vivieron el mismo pasado. Somos, diría, recortes, fotos, que quedan en la memoria. Clarísimas fotos multicolores. pedacitos de realidades. Memoria direccionada.
Experimenten. Tomen un hecho personal, compartido con alguien y reconstrúyanlo. Quién más estaba?. Unos recordarán a unos, otros no, pero agregarán a quien no fue nombrado. Y ahí la duda. Pero yo me acuerdo que estaba sentado al lado mío. No, pero si no vino porque tenía a la madre enferma. Eso fue otra vez, pero ese día estaba. Te acordás que comimos el pollo que mató la abuela?. No, si la abuela ya no tenía el gallinero. Y así, la memoria, recortada, fotográfica, multicolor, se hará diversa. Y uno se acordará de la prima que bailaba español o de la abuela cuando bailó la jota y otro se acordará del abuelo leyendo el diario bajo la parra. Y todos fuimos testigos de esa historia, de ese pasado pero a cada uno le quedó un pedacito.

Ni uniendo los pedacitos vamos a tener una memoria fidedigna, porque el pasado no es el mismo para todos. Hasta la historia personal es distinta cuando la escribimos y cuando, nosotros mismos, la observamos después del paso del tiempo. Capaz que somos la memoria que tenemos, resignificada en las circunstancias. Y por eso podemos cambiar.

25 mar 2016

El Evangelio según Jesucristo: partida de Jesús

En el libro "El Evangelio según Jesucristo", José Saramago ficcionaliza la partida de Jesús en busca de su destino de una manera muy natural. Hurgando en los sentimientos de María, en su esperanza y desesperación, contemporanizando un sentimiento universal: lo que siente una madre ante la partida de un hijo. Una descripción que vale la pena releer:
"Jesús partió después de haber comido con toda la familia reunida. Se despidió de los hermanos, uno por uno, se despidió de la madre que lloraba, le dijo, sin entender por qué, De un modo u otro, siempre volveré, y echándose la alforja al hombro, atravesó el patio y abrió la cancela que daba al camino. Allí se detuvo, como si reflexionase sobre lo que estaba a punto de hacer, dejar la casa, la madre, los hermanos, cuántas y cuántas veces, en el umbral de una puerta o de una decisión, un súbito y nuevo argumento, o que como tal ha sido configurado por la ansiedad del momento, nos hace enmendar la mano, dar lo dicho por no dicho. Así lo pensó también María, ya una jubilosa sorpresa empezaba a reflejarse en su cara, pero fue sol de poca duración, porque el hijo, antes de volverse atrás, posó la alforja en el suelo, al cabo de una larga pausa durante la cual pareció debatir en su intimidad un problema de solución difícil. Jesús pasó entre los suyos sin mirarlos y entró en la casa. Cuando volvió a salir, instantes después, llevaba en la mano las sandalias del padre. Callado, manteniendo los ojos bajos, como si el pudor o una oculta vergüenza no le dejasen enfrentarse con otra mirada, metió las sandalias, en la alforja y, sin más palabras o gestos, salió. María corrió hacia la puerta, fueron con ella todos los hijos, los mayores haciendo como que no le daban mucha importancia al caso, pero no hubo gestos de despedida, porque Jesús no se volvió ni una vez. Una vecina que pasaba y presenció la escena, preguntó, Adónde va tu hijo, María, y María respondió, Ha encontrado trabajo en Jerusalén, va a quedarse allí durante un tiempo, es una descarada mentira, como sabemos, pero en esto de mentir y decir la verdad hay mucho que opinar, lo mejor es no arriesgar juicios morales perentorios porque, si damos tiempo al tiempo, siempre llega un día en el que la verdad se vuelve mentira y la mentira verdad. Aquella noche, cuando todos en la casa estaban durmiendo, menos María, que pensaba en cómo y dónde estaría a aquella hora su hijo, si a salvo en un caravasar, si a cubierto de un árbol, si entre las piedras de un berrocal tenebroso, si en poder de los romanos, que no lo permita el Señor, oyó ella que rechinaba la cancela del camino y el corazón le dio un salto, Es Jesús que vuelve, pensó, y la alegría la dejó, en el primer momento, paralizada y confusa, Qué debo hacer, no quería ir a abrirle la puerta así, con modos de triunfadora, Al fin, ya ves, tanta crudeza contra tu madre y ni una noche has aguantado fuera, sería una humillación para él, lo más apropiado sería quedarse quieta y callada, fingir que estaba durmiendo, dejarlo entrar, si él quería acostarse silencioso en la estera sin decir, Aquí estoy, mañana fingiré asombro ante el regreso del hijo pródigo, que no será menor la alegría por ser breve la ausencia, la ausencia es también una muerte, la única e importante diferencia es la esperanza. Pero él tarda tanto en llegar a la puerta, quién sabe si en los últimos pasos se detuvo y vaciló, este pensamiento no puede María soportarlo, allí está la grieta de la puerta desde donde podrá mirar sin ser vista, tendrá tiempo de volver a la estera si el hijo se decide a entrar, estará a tiempo de correr a detenerlo si se arrepiente y vuelve atrás. De puntillas, descalza, María se aproximó y miró. Estaba de luna la noche, el suelo del patio refulgía como agua. Una silueta alta y negra se movía lentamente, avanzando en dirección a la puerta, y María, apenas la vio, se llevó las manos a la boca para no gritar. No era su hijo, era, enorme, gigantesco, inmenso, el mendigo cubierto de andrajos como la primera vez (aclaro: el que le había anunciado que iba a ser madre) y también como la primera vez, ahora quizá por efecto de la luna, súbitamente vestido de trajes suntuosos que un soplo poderoso agitaba. María, temerosa, permanecía agarrada a la puerta, Qué quiere, qué quiere, murmuraban sus labios trémulos, y de pronto no supo qué pensar, el hombre que dijo ser un ángel se desvió hacia un lado, estaba junto a la puerta, pero no entraba, lo que sí se oía era su respiración y luego un ruido como de algo que se desgarrara, como si una herida inicial de la tierra estuviera abriéndose cruelmente hasta convertirse en boca abisal."
(el texto está presentado como el original: sin punto y aparte, sin marcar los diálogos)
El Evangelio según Jesucristo PDF
La ley de la vida. En psicología se habla del duelo por la pérdida de los padres de la infancia y el duelo de los padres ante los hijos hechos hombres.

9 feb 2011

Saramago contrario a las utopías

Hace tres años que llevamos adelante este blog con la propuesta de Utopías Argentinas, hoy les presento el pensamiento de Saramago y mañana lo comentamos, sí?
Suprimir el concepto utopía de la mente y el espíritu humanos fue uno de llamados que hizo el escritor José Saramago, al inaugurar una cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México(año 2005).

"Utopía -definió- es algo que no se sabe dónde está, ni cuándo, ni cómo se llegará a ella. La utopía es como la línea del horizonte: sabemos que, aunque la busquemos, nunca llegaremos a ella, porque siempre se va alejando conforme se da cada paso; siempre está fuera, no de la mirada, pero sí de nuestro alcance."
(En nuestro margen se podrá leer la declaración de Utopía de Eduardo Galeano, linda diferencia)

El primer recuerdo de Saramago se remontó a mediados de los 90, cuando fue convocado a Oviedo, España, como parte de un grupo de escritores, filósofos y sociólogos, con el fin de elaborar 10 propuestas para el nuevo milenio. Fue en esa parte de la charla en la que Saramago se declaró contrario a las utopías, y contó que, a diferencia de sus colegas, decidió en aquella ocasión enfocar sus propuestas "para el día del mañana". Entre otras mencionó acabar con el hambre, "porque es algo que se puede", y regresar a la filosofía.

Regresar a la filosofía, precisó, no significa hacer una humanidad de filósofos, sino recuperar el cultivo del pensar, de la reflexión, del criterio crítico, del análisis objetivo, luego de que "nuestra condición humana está siendo reducida a una especie de máquina parlante que con el uso empeora cada vez más y se reduce a tópicos, a lugares menos que comunes, a un empobrecimiento del lenguaje".

Para él, el ser humano recurre a la utopía por una especie de frustración: la imposibilidad de situar en un tiempo y un lugar determinados algo que necesita o le gustaría que sucediera ahora.

"Si alguna palabra retiraría yo del diccionario sería utopía, porque no ayuda a pensar, porque es una especie de invitación a la pereza. La única utopía a la que podemos llegar es al día del mañana", enfatizó.

"Dejemos la línea del horizonte, dejemos la utopía, no se sabe dónde está, ni cómo, ni para cuándo; el día de mañana es el resultado de lo que hayamos hecho hoy. Es mucho más modesto, mucho más práctico y, sobre todo, mucho más útil."

Tras expresar que tampoco le agrada mucho la palabra esperanza, por ser una especie de sinónimo de utopía, José Saramago asumió que no creer en la utopía es poco redituable e incluso negativo para quienes, como en su caso, se asumen y declaran de izquierda, "porque el concepto de utopía va unido al concepto de izquierda; si no se tiene una utopía uno no es de izquierda". No obstante, subrayó que resulta "absolutamente todo lo contrario", ya que, para fines políticos, se debe saber que uno está y puede trabajar sólo en la realidad.
Angel Vargas
http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=2262
Interesante, no?. Me gustarían sus comentarios...