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10 jun 2014

Mientes, Amado!!!

En un texto en el  que Borges se dedicó a analizar el juego del truco, incluido en su libro Evaristo Carriego, ejemplifica el mentir con la verdad con el siguiente diálogo:
"Los baratijeros Mosche y Daniel se encuentran en la gran llanura de Rusia y se saludan.
- ¿Adónde vas, Daniel? –dijo el uno.
- A Sebastopol –dijo el otro.
Entonces Mosche lo miró fijo y dictaminó:
- Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!
La habilidad del truco es mentir, dice Borges. La manera de su engaño es la de un jugador rezongón que ha tirado sus cartas sobre la mesa, puede ser ocultador de un buen juego (astucia elemental) o tal vez nos está mintiendo con la verdad para que descreamos de ella (astucia al cuadrado). Cómodo en el tiempo y conversador está el juego criollo, pero su cachaza es de picardía.
 Es una superposición de caretas, y su espíritu es el de los baratijeros. ...Los jugadores de truco están como escondidos en el ruido criollo del diálogo; quieren espantar a gritos la vida."

Te contestaron  "quiero"  y tuviste que mostrar las cartas. Se te cayeron las caretas, Amado. Tus trucos ya no se creen.

12 may 2010

"El siete de oro tintineando esperanza"


El truco

Cuarenta naipes han desplazado a la vida.
Pintados talismanes de cartón
nos hacen olvidar nuestros destinos
y una creación risueña
va poblando el tiempo robado
con floridas travesuras
de una mitología casera.

En los lindes de la mesa
la vida de los otros se detiene.
Adentro hay un extraño país:
las aventuras del envido y quiero,
la autoridad del as de espadas,
como don Juan Manuel, omnipotente,
y el siete de oros tintineando esperanza
.

Una lentitud cimarrona
va demorando las palabras
y como las alternativas del juego
se repiten y se repiten,
los jugadores de esta noche
copian antiguas bazas:
hecho que resucita un poco, muy poco,
a las generaciones de los mayores
que legaron al tiempo de Buenos Aires
los mismo versos y las mismas diabluras
.

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923)

Como en el truco siempre hay una carta que puede salvar. Si el rival es fuerte será cuestión de "jugar callado", hacer "señas falsas" o "hacerlos entrar" pero jamás ir al juego de él.
Y fundamentalmente si ganan alguna jugada, obligarlos a mostrar las cartas...