11 oct. 2018

La bolsa de tus sufrimientos


Un hombre estaba muy apesadumbrado con su sufrimiento. Solía orar todos los días a Dios:
  • ”¿Por qué a mí? Todos parecen ser tan felices, ¿por qué estoy yo en este sufrimiento?”.
Un día, con gran desesperación, rezó a Dios diciendo:
  • “Puedes darme el sufrimiento de cualquier persona y estaré listo para aceptarlo, pero toma el mío, no puedo soportarlo más”.
Esa noche tuvo un sueño hermoso y muy revelador. Soñó que Dios aparecía en el cielo y les decía a todos:
  • ”Traigan todos sus sufrimientos al templo”.
Todos estaban cansados de sus sufrimientos; de hecho todos habían pedido en algún momento:
  • ”Estoy listo para aceptar el sufrimiento del otro, pero toma el mío; es demasiado, es insoportable”.
Así que todos metieron sus sufrimientos en bolsas y los llevaron al templo, se sentían muy felices; había llegado el día, su oración había sido escuchada. Y este hombre también corrió hacia el templo.
Y entonces Dios dijo: ”Coloquen sus bolsas en las paredes”.
Colocaron todas las bolsas en las paredes y luego Dios declaró:
  • ”Ahora pueden elegir. Cada uno puede tomar la bolsa que quiera”.
Lo más sorprendente fue que: este hombre que había estado siempre orando, corrió hacia su bolsa, antes que alguien pudiera elegirla, pero se llevó una sorpresa, porque todos corrieron a su propia bolsa y todos estaban felices de elegirla de nuevo.
¿Qué sucedió? Por primera vez, todos habían visto las miserias de los demás, sus sufrimientos; sus bolsas eran igual de grandes ¡o incluso más grandes!
Uno ya se había acostumbrado a sus propios sufrimientos. Ahora, elegir los de otro… ¿Quién sabe qué tipo de sufrimientos habrá dentro de la bolsa? ¿Por qué molestarse? Por lo menos estaba  familiarizado con sus propios sufrimientos y ya se había acostumbrado a ellos . Durante muchos años los había tolerado; ¿por qué elegir lo desconocido?
Y todos se fueron a casa felices. Nada había cambiado, estaban trayendo de vuelta el mismo sufrimiento, pero todos estaban felices y sonriendo y gozosos al poder recuperar su propia bolsa.

Nunca me voy a olvidar de ese programa cómico, que cuando llega el protagonista le preguntan:
- ´Cómo estás?. y éste le contesta: . COMPARADO CON QUIEN?.

Calderón de la Barca  lo compara:


Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.  


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