12 abr. 2018

Si te digo que es huevo, es huevo.

Nasrudín y el huevo

Cierta mañana Nasrudín envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro
de la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí.
-¡Hoy tendremos un importante concurso! -dijo-, ¡Quien descubra lo que
está envuelto en este pañuelo, recibirá de regalo el huevo que está dentro!
Las personas se miraron, intrigadas, y respondieron:
-¿Cómo podemos saberlo? ¡Ninguno de nosotros es adivino!
Nasrudín insistió:
-Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una
yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está
contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de
fertilidad, y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos.
Entonces, ¿quién puede decirme lo que está escondido?
Todos los habitantes pensaban que Nasrudín tenía en sus manos un huevo,
pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza delante de
los otros. ¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante, producto de la
fértil imaginación mística de los sufíes? Un centro amarillo podía significar
algo del sol, el líquido a su alrededor tal vez fuese algún preparado de
alquimia. No, aquel loco estaba queriendo que alguien hiciera el ridículo.
Nasrudín preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio.
Entonces él abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.
-Todos ustedes sabían la respuesta -afirmó-, y nadie osó traducirla en
palabras.
SUCEDE QUE DECÍS QUE ES HUEVO Y HASTA QUE NO LO VEN NO CREEN. Y más en la época de las selfies.

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