12 jul. 2014

Cuando los alemanes bailaron a nuestro ritmo.

En un día tan motivado por el fútbol y las rivalidades con Brasil les cuento que llama mi atención en mi biblioteca  un libro llamado Carlos Gardel, Lunfardo e Tango de José Lino Grünewald (1931-2000) y cual es mi sorpresa cuando encuentro que está escrito en portugués, por un carioca, publicado en San Pablo en 1994.
Resulta ser que este autor, al que sus amigos llamaron Zelino, era un destacado conocedor de Gardel y el poseedor de una de las mayores discotecas de tango en Brasil.
Dice tantas cosas interesantes de nuestro país que trataré de transcribir algunas:
 1) el tango viene desde muy lejos en Buenos Aires. Ya estaba presente en documentos de la era colonial. La enciclopedia Tango, un siglo de historia (1889-1980) de Editorial Perfil, registra Casa y sitio del tango, en una tasación de propiedad en 1802; o un acta, datada de 1806 donde constaba: "se prohiben dentro de la ciudad los bailes conocidos con el nombre de tangos". La palabra tango nace antes que los ritmos musicales, canto y coreografía,  Relaciona la palabra con la corriente de los negros africanos que llamaban tango o tambo a los locales de baile.
2) Luego enumera los instrumentos musicales que se fueron incorporando uno a uno como la flauta, la guitarra y el violín. Luego el piano. Después el bandoneón. Éste era un invento del fabricante alemán Heinrich Band (1805-1888) (de ahí Band-oneón) que vendría a reemplazar la flauta, y se convirtió en una pieza imprescindible.
Las guitarras tomaron relevancia en función de los cantores, principalmente Gardel. Hacían el fondo, el soporte, y no interferían en la interpretación de los vocalistas.
3) Lo novedoso es su versión de cómo entra el tango en el mundo.
En el medio siglo que va desde 1880 a 1930 Buenos Aires era tomada como la "capital" de América del Sur y, en Uruguay, Montevideo, para no ser menos, era la "Suiza" del continente. Los avances económicos y tecnológicos (Buenos Aires tuvo la primera línea de subterráneos inaugurada en 1913) rimaba con una cierta estabilidad de reglas políticas, destacadas aquellas atinentes a la sucesión en el poder. Existían injusticias y desigualdades pero con todos los vicios presumibles, las normas se respetaban.
El tango comenzó a universalizarse desde inicios del siglo XX. Según consta, el primero en llegar a Europa fue La morocha de Enrique Saborido, llevado en un viaje de instrucción por la oficialidad de la fragata Sarmiento. De cualquier manera, en 1910, el tango ya era conocido y bailado en Francia.

Los ritmos porteños no sólo eran bailados y cantados, pasó a ser producido en el exterior. El ejemplo mayor es el tango Jalousie compuesto por el húngaro Jakob Gade con la gloriosa grabación de RCA Víctor.

Importa registrar la aceptación germánica -un universo idiomático que en principio denotaría pocas afinidad con el pensamiento tanguero. Sin embargo, en Alemania estaba el mayor compositor de operetas vienesas, Franz Lehar, incorporando tangos en sus piezas, como el caso de Tzarevitch y Tango Koenigin.

No puedo traducir todo el libro, aunque me gustaría. Es apasionante ver cómo Argentina era respetada, admirada y copiada por ser un país donde las normas se respetaban. Hasta los alemanes bailaron a nuestro ritmo. Ahora, por qué no?.

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