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9 sept 2020

Si miras el reloj el tiempo no avanza.

Hoy me llegó un recuerdo, como un correo mental, de esos que te traen fotos de vivencias que te marcan. En una se ve a una niña pequeña de unos cuatro o cinco años recostada boca abajo, sobre una cama de matrimonio, prolijamente cubierta con una colcha de brocato floreado, oliendo una polvera vacía, con  un aroma imborrable, que no se puede transmitir porque las fotos no huelen. Qué tendrá de extraordinaria esa caja  redonda en la que en su interior guardaba una bolsita de tela sedosa, que servía para aplicar el polvo que sacaba el brillo de la nariz?. Se la había regalado su tía Juanita, una persona tan suave y perfumada, como esa pieza que aún pareciera sentir en mis manos. Pero en esa foto también se encuentra un reloj, de los grandes, a cuerda, con su fuerte tic tac, que retumbaba en el silencio de ese cuarto de conventillo de Barracas, y ahí vuelvo a traer la misma pregunta que hice: por qué no se lo ve funcionar, parece parado?. Y su respuesta la guardé para siempre: porque si miras el reloj, el tiempo no avanza.

Nunca más la volví a ver. El hombre al que ella amaba, mi tío, aquel que esperándolo el tiempo no pasaba, la dejó por otra mujer.  Ella perdió la razón, "locura de amor", fue el diagnóstico de esa época. 

25 nov 2017

Yo los sigo esperando.

Seis mineros trabajaban en un túnel muy profundo extrayendo minerales desde las entrañas de la tierra. De repente un derrumbe los dejó aislados del afuera sellando la salida del túnel. En silencio cada uno miró a los demás. De un vistazo calcularon su situación. Con su experiencia, se dieron cuenta rápidamente de que el problema sería el oxígeno. Si hacían todo bien les quedaban unas tres horas de aire, cuando mucho tres horas y media.

Mucha gente de afuera sabría que ellos estaban allí atrapados, pero un derrumbe como este significaría horadar otra vez la mina para llegar a buscarlos. ¿Podrían hacerlo antes de que se terminara el aire?

Los expertos mineros decidieron que debían ahorrar todo el oxígeno que pudieran. Acordaron hacer el menor desgaste físico posible, apagaron las lámparas que llevaban y se tendieron todos en el piso. Enmudecidos por la situación e inmóviles en la oscuridad era difícil calcular el paso del tiempo.

Incidentalmente sólo uno de ellos tenía reloj. Hacia él iban todas las preguntas: “¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuánto falta? ¿Y ahora?”. El tiempo se estiraba, cada par de minutos parecía una hora y la desesperación ante cada respuesta agravaba aun más la tensión.
El jefe de los mineros se dio cuenta de que si seguían así la ansiedad los haría respirar más rápidamente y esto los podía matar. Así que ordenó al que tenía el reloj que solamente él controlara el paso del tiempo. Nadie haría más preguntas, él avisaría a todos cada media hora.

Cumpliendo la orden, el del reloj controlaba su máquina. Y cuando la primera media hora pasó, él dijo: “ha pasado media hora”. Hubo un murmullo entre ellos y una angustia que se sentía en el aire.

El hombre del reloj se dio cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, iba a ser cada vez más terrible comunicarles que el minuto final se acercaba. Sin consultar a nadie decidió que ellos no merecían morirse sufriendo. Así que la próxima vez que le informó la media hora, habían pasado en realidad 45 minutos.
No había manera de notar la diferencia así que nadie siquiera desconfió.

Apoyado en el éxito del engaño la tercera información la dio casi una hora después. Dijo: “pasó otra media hora”... y los cinco creyeron que habían pasado encerrados, en total, una hora y media y todos pensaron en cuan largos se le hacía el tiempo.

Así siguió el del reloj, a cada hora completa les informaba que había pasado media hora.

... Entre tanto la cuadrilla apuraba la tarea de rescate, sabían en qué cámara estaban atrapados y que sería difícil poder llegar antes de cuatro horas. Llegaron a las cuatro horas y media. Lo más probable era encontrar a los seis mineros muertos. Encontraron vivos a cinco de ellos. Solamente uno había muerto de asfixia... ¡El que tenía el reloj!

Bucay