1 ago. 2016

Cuando las reglas contienen, ordenan y protegen


Rescato este texto que aunque tiene unos años, en este preciso momento vale la pena recordar:

Cuando yo era un niño, dice el Dr. Mario Rosen, en mi casa me enseñaron a honrar reglas sagradas:
Regla N° 1: las reglas no se discuten.
Regla N° 2: se debe respetar a papá y mamá
Regla N° 3: No sea insolente. .

Era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar desde el “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa”. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.
Desafiar “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” acerca al borde del universo familiar y permite conocer exactamente los límites si al ser descubierto o denunciado es castigado apropiadamente. Castigo no significa agresión, significa privarnos de algo por un tiempo para conocer los límites.
La travesura y el castigo pertenecen a un mismo sabio proceso: permiten mantener intacta la salud mental. Uno vive en un mundo predecible.
El castigo es una salida terapéutica y elegante para todos, pues aleja al rencor y trasquila a los privilegios. A tal travesura tal castigo. Nunca amenazar con algo que no se pueda cumplir.
Si hay justicia, porque “el que las hace las paga” y hay piedad, porque uno cumplida la condena estipulada es dispensado, la dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tendrá la convicción de que será atrapado tarde o temprano, así que hay que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.
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Dr. Mario Rosen

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