18 jul. 2015

1932 un maratonista rosarino trae una medalla de oro olímpica

 Una de las primeras leyendas argentinas en llevar la bandera celeste y blanca a lo más alto fue Juan Carlos Zabala, maratonista y gran campeón en su especialidad en los Juegos Olímpicos de 1932 donde obtiene un récord muy recordado en todos los tiempos.
El Ñandú Criollo, le decían. Nació en Rosario el 11 de octubre de 1911. Por la ausencia de sus padres, Juan Carlos se crió en un reformatorio de Marcos Paz, y allí su entrenador -Alejandro Stirling- mencionaba su habilidad para los deportes y las largas distancias que recorrió de niño, que en el futuro le brindarían excelentes resultados.
     Stirling vio sus cualidades y comenzó a prepararlo para la competencias, primero locales, luego regionales y más tarde mundiales. Antes de partir a competir en Europa ganó los 10.000 metros del Sudamericano, con un récord de 31 minutos 19 segundos, en lo que significó la inauguración de la pista de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires en 1931.
Una vez instalado en el Viejo Continente, Juan Carlos se dio el gusto de correr en Berlín junto al crack del momento, el finlandés Paavo Nurmi. Luego de una carrera intensa y emotiva, el Ñandú Criollo perdió por una cabeza ante un atleta que nunca había sido puesto a prueba de esa manera.
Al año siguiente Zabala se tomaría revancha y ganaría el oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, consagrándose como el mejor del planeta y flameando la bandera argentina en lo más alto. reDe todos los grandes del atletismo nacional, Juan Carlos Zabala fue el pionero y el más respetado por los grandes.
Fuente: El ñandú criollo

Era un personaje chaplinesco, travieso y atrevido. Las anécdotas son muchísimas.
1)Ya desde el reformatorio donde se crió se cuenta que a los doce años se realizó en Marcos Paz un torneo con la participación de los atletas más destacados de la época.  Iban a correrse 1.500 metros y él se paseaba altanero, presumiendo de ganarle a todos.
-Andá, quitáte los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos -le sentenció un celador de apellido Quiroga.
Con una mezcla de estupor y de alegría, Zabala acató la orden. Apenas tenía 12 años y debía vérselas con muchachones de veinte. Pero no se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito ‘foráneo’. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato: ‘Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el «alma torera», recordaba después.Y corrió… Y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano.

2) Intervino en un torneo Primavera, organizado por el club de Gimnasia y Esgrima, ganando sucesivamente los 1.500 metros, 3.000 y 5.000 metros. De la primera prueba fue descalificado por ‘actitud antirreglamentaria’ (al pasar a un rival, se permitió el desenfado de tocarle el… fondo de la espalda). Ante este hecho y antes de largase los 3.000, el delegado José Lambierto le hizo prometer portarse bien.
-Me costaba más eso, que ganar la carrera -dice Zabala-. Porque yo al deporte me lo tomaba en broma. Me divertía saber que ganaba, mientras que otros vivían preocupados por la misma causa.

3) En 1931 corre contra el mismo Paavo Nurmi que venía desde mucho tiempo atrás asombrando al mundo atlético. 
Están colocados para largar, Stirling le había enseñado las palabras previas al tiro de largada, en alemán. Era cuanto sabía. En las gradas el público lo seguía mirando, llevándose el pulgar a la boca, a manera de chupete, para demostrarle la impresión infantil que daba su presencia, parado entre Nurmi y el sueco Calzon, a quienes apenas les llegaba al pecho.
Gritó el starter las palabras de orden y antes del tiro, Zabala se adelanta. Le anotan una salida en falso, pero él estrecha la mano de sus rivales, uno a uno.
-Me anotaron una en falso, sí. Stirling (su entrenador) se moría de nervios. Pero más nerviosos estuvieron quienes iban a correr contra mío, al ver la tranquilidad con que procedí a saludarlos…(díganme si esto no es propio de Chaplín)

4)Al faltar dos vueltas, estaba al lado de Nurmi;
-El gigante me miró -dice Zabala-. Y como yo no sabía ninguna palabra en su idioma, me puse a hacerle muecas y a sacarle la lengua. Fue tanta la rabia que le dio, que estrelló contra el suelo el reloj que llevaba en la mano, para cronometrarse. Mi objetivo estaba logrado. El atleta más flemático del mundo, estaba nervioso
Fuente:  revista Todo es Historia, nº 22 de febrero de 1969.

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