23 jun. 2014

Los tabúes sobre Borges.


Para muchos Borges es para los intelectuales, es insondable, es serio, incluso es aburrido. Al que penetra en su obra y empieza a conocer sus recovecos, se le convierte en una diversión intelectual. 
Cuando uno lee a Borges  lo puede hacer linealmente, como a cualquier otro escritor y encontrar interrogantes constantes, referencia a costumbres que se repiten en el tiempo, que se reencarnan en nuevos actores, que referencian a sus lecturas. Él quiso escribir de una manera no costumbrista, con una mirada universal.
 Pero lo que pocos comentan es que  Borges era un jugador de truco con sus lectores. Y ahí encontramos una de las pasiones que despierta. Mentía con la verdad  haciendo creer que era ficción o  podía convertir en realidad la ficción. Y es el lector el que se pone en movimiento y busca descubrir esos vericuetos de su escritura y ahí está la diversión. Autor que él menciona es porque vale algo para él. Según como lo leas te divierte porque halaga lugares comunes (la costurerita que dio el mal paso) como si fueran bellezas universales o pone apellidos reales a, por ejemplo, Cruz en su encuentro con Martín Fierro. Deconstruyendo la escritura te muestra que él no opina en lo que escribe, sino que es otro Borges, el escritor, que ficcionaliza lo que escribe.
Se ha traducido a muchos idiomas. No sé en qué medida ese juego se puede transmitir. Para un traductor capaz que un "quizás" de Borges sobraría, pero  posiblemente está en ese "quizás" su afirmación. Amaba la palabra y lo que se podía jugar con ella. El que descubre su juego puede deleitarse, no sólo por la musicalidad de sus frases, no sólo por la inteligencia de sus dudas, ni tampoco por lo originales que son sus reflexiones, sino por descubrir las cartas que esconden sus construcciones. Todo lector es un traductor y traduce una versión de las infinitas que tiene leer una obra de arte. Cada uno la suya. Ni más ni menos. Sin tabúes. Basta conocer las reglas del juego.
S.M.C.

REFERENCIAS SOBRE LA IMAGEN PUBLICADA:
Un jardín en forma de laberinto compuesto por 3.200 plantas, en Venecia fue concebido por el arquitecto inglés Randoll Coate. En San Rafael, Mendoza, se inaugura pronto otro similar con 7.000 plantas de arbustos boj, que cubren casi 2 has. formando un gigantesco libro abierto con senderos que dibujan el nombre del escritor, sus símbolos preferidos, las iniciales de María Kodama. Un laberinto que desde una cierta altura permite leer lo que los arbustos tienen cifrado. Hermoso proyecto.


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