7 jul. 2013

El amor es pura matemática.

El amor puede ser de suma, resta, multiplicación o división. Depende de los celos y la posesión.
Primero tenemos que diferenciar si se quiere o se desea a alguien. Dos podemos querer a la misma persona y tener su amor. Dos no podemos desear a la misma persona y ella corresponder a ambas. Y ahí está la diferencia entre las dos maneras de amar. En el segundo caso el amor de ambas personas es excluyente, implica acuerdo de reciprocidad unívoca. Se da en la pareja. Ahí capaz que los celos sean necesario para no perderlo, no?. Es como defender la quintita...jaja
 Pero en el primer caso todos los amores se suman y benefician al receptor de ese amor y a ese amor me quiero referir.  Los celos son tan destructivo para el que lo tiene, como para el que podría recibir el amor de varias personas: llamémosle amigos, ambos padres, hermanos, abuelos, tíos.  Si el que quiere a una persona le mezquina la posibilidad de ser querido por otras, le priva de la sumatoria de afectos que lo enriquecen como personas. Eso es muy importante para nuestra visión de las relaciones humanas. Lo vemos a diario con los celos de padres, de hermanos, de amigos, con abuelos,. Puede haber mayores o menores afinidades que fortalecen los vínculos de una manera distinta pero no por ello menor. Suele pasar, por ejemplo, con un padre con respecto a uno de sus hijos  cuando percibe una cierta identificación. Pero no significa que mientras comparte esa afinidad quiere menos a los otros. Es, llamémosle, una preferencia momentánea, un mientras tanto. Si se sienten celos de que los otros disfruten de esas afinidades y no se comparte ese disfrute, es uno mismo el que se está restando la oportunidad de vivir los buenos momentos de su comunidad, que suman y no restan. Si a nuestra reciprocidad le sumamos las que nuestros seres queridos tienen con los demás, los celos pierden su razón de ser y los afectos se multiplican. Y ,fundamentalmente, no dividen.

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