22 jul. 2012

Los medios y las obsesiones monotemáticas

Hace un tiempo que estamos viendo que la televisión repite en distintos canales, en diferentes programas, en diversos horarios, un tema, una parte de un programa o lo dicho por algún político, de tal manera que nadie deja de conocer algo al respecto, así trate por todos los medios de no enterarse.
Pasó con Gran Hermano y con los programas de Tinelli. Uno, haciendo zapping, podía reconstituir los últimos programas sin haberlos visto. Las peleas, las patologías de los participantes, sus llantos, sus debilidades. Dados vueltas, de adelante para atrás o de atrás para adelante… Desmenuzados, criticados, festejados, aplaudidos, repudiados, defendidos, novelados por capítulos. Pero se trataba de personas de la vida real, no de personajes. Si fuera una novela, una ficción, supongo que no pegaría en el televidente como el hecho de obsesionar tanto sobre la vida de los demás, sobre la vida ajena. Qué producirá en el televidente esa obsesión monotemática?.
Hay otras obsesiones monotemáticas, que quizás mis queridos lectores no nos dejan desprendernos ni al abrir un diario, al prender el televisor o escuchar la radio y que se consumen, sin darnos cuenta, en cualquier charla de amigos, envueltas en el papel del odio, del rechazo, de la crítica, del repudio pero que gracias a la misma estructura de pensamiento se ha convertido en una adicción más de nuestra vida cotidiana.
Para terminar con esa obsesión la única manera que tenemos no es mandando mails caricaturescos, con insultos, con improperios. La única manera es hablando del problema de la obsesión perniciosa y dejando de consumir la droga bajo cualquiera de sus formatos. No compre diarios, no escuche la televisión, apague la radio cuando se hable de lo que nos hace mal. No nos dejemos intoxicar.

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