21 abr. 2012

1905: Rosario honores en pugna

El siglo XX encuentra a un Rosario con un concepto del honor fuertemente arraigado al punto que debe ser reparado a cualquier costo. De ello da cuenta un real escándalo social, que ascendería a la crónica policial, que conmocionó a una ciudad ya que involucraba a familias de “figuración” relevante. El 13 de enero de 1905, El Municipio, un diario para quien el encumbramiento social de los actores del hecho no era razón para silenciar la historia, publica una extensa crónica de la misma. María Esilda, joven perteneciente a una de las familias más reconocidas de la sociedad del Rosario del 900, estaba comprometida formalmente para un enlace próximo con el joven profesional Carlos, de 25 años, con un apellido también encumbrado. La ruptura al parecer extemporánea y unilateral del compromiso por parte de éste, hizo que la muchacha se considerara ofendida y desairada e intentara suicidarse disparándose un tiro en el pecho, pero salva su vida tras una intervención quirúrgica. A partir de ahí su familia sale en búsqueda de una reparación . Su hermano Eduardo, un distinguido oficial de la Marina de Guerra reta a duelo a Carlos a pesar de haber estado hermanados por una fuerte amistad. Esto daría lugar a una historia aparte porque suceden hechos de lo más pintorescos (Eduardo nombra padrinos, Carlos dilata el tema de diferentes maneras diciendo que no ver donde está la ofensa). Hasta que se enfrentan y Eduardo dispara sin dar en el blanco y Carlos se mantiene en posición de guardia con el arma levantada. Así dan por terminado el frustrado lance. Días después siguen los ánimos caldeados y otros 2 hermanos de María Esilda se encuentran con Carlos y su madre en la Estación de trenes Central Argentino donde comienza un tiroteo entre ellos que asombra por las características violentas del mismo, por la escenografía e incluso por su carácter público, pese a la condición social de sus protagonistas y a los honores en pugna, y por las víctimas inocentes. El tiroteo terminó al caer Carlos bañado en sangre. Dejando el saldo de varios heridos graves entre los simples pasajeros que se encontraban en la estación. Aquel drama pasional y familiar lejano tuvo un final tan inesperado como insólito, si nos atenemos a un ejemplar de la revista La Idea, en la que se publica, unos años después, una de las tantas fotografías familiares grupales a las que eran afectas tanto la revista como la sociedad rosarina. En el extremo izquierdo de la fila inferior, aparece María Esilda con el apellido de casada, el mismo que correspondía a su esposo Carlos. Por ser apellidos conocidos de nuestra ciudad no los revelé pero esta historia se puede encontrar en el libro: Rosario, del 900 a la “década infame” de Rafael Oscar Ielpi

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