27 jul. 2020

La historia de Juan

El único cuento que escribí:



Caminando lateralmente, siguiendo la línea del camino central de la Plaza Buratovich, Juan juega con su imaginación. Siente que está en el borde de un precipicio y la menor inclinación de su cuerpo sería fatal.
Se olvida de las palomas, del campanario de la iglesia que suena a las 5 de la tarde, de los árboles  alineados a su costado  que cuidan el paisaje, altivos y dominantes, de la fuente que salpica con su frescura en esa tarde tan calurosa. Hasta del grito de los otros niños en las hamacas.
Su mundo está centrado en su juego. El equilibrio es fundamental, un pie delante del otro, sin pisar afuera de la línea que contiene a su pequeño pie. Repite esa rutina, logrando cada día que pasa una mayor perfección. Una perfección hacia la nada, pero que en él se había convertido en una meta a alcanzar. En una obsesiva consigna.
Es nuevo en el barrio. Antes vivía en Buenos Aires y jugaba a las escondidas en las altas veredas del Barrio de la Boca con amigos de verdad, como se decían. Pero no sabe porqué él se tuvo que venir a vivir a la casa de su abuela materna con su mamá y sus hermanitos menores. Ya nada es como antes. Para colmo tiene que ir a una escuela nueva. El solo pensarlo lo aterra, por eso mejor repite: no pienso, no pienso, no pienso en cada uno de sus pasos  .
A los adultos no los entiende. Si estaba todo bien, si no peleaban...Por qué debe deja de ver a su papá cuya voz resonante, su carcajada satisfecha, le daba tanta protección y seguridad?. El sólo pensar en sus manotas carnosas y cálidas, que contienen varias veces a sus manitas, le hace hacer una mueca mezcla de tristeza y de ternura.
Lo recuerda detrás de ese mostrador de bar donde los clientes lo llaman Don Carlos con tono de respeto y simpatía. Su papá es querido por todos. Hasta el policía que se llevó preso a su tío Felipe por quinielero le dijo: -váyase de aquí don Carlos, Ud. es un hombre bueno, no es para este lugar...
Pero él se quiso quedar.
Juan no entendió muy bien porqué no nos fue a despedir a la estación?. Por qué lloraba tanto mi madre?.  Escuchó algo de un borracho que sacó un cuchillo. Pero no entendió a quién  se lo había  clavado en el pecho porque se había reído de su amenaza.
En su casa, ahora en Rosario, es todo silencio y quietud. Sólo se escucha de vez en cuando el llanto de su madre o un cuchicheo en la cocina. Algo no anda bien, hace mucho tiempo que se vinieron y no sabe nada de su papá. Pero así son los grandes, actúan como si el mundo fuera sólo de ellos. Uno no se entera de nada. Vive al margen de todo por eso...no pienso, no pienso, no pien...
Qué pasó?. Un pie grandote está sobre la línea que él debe continuar porque sino se cae...Por qué no se corre señor?.  Un pantalón con una botamanga ancha, que hace más grande al que lo tiene puesto, es lo que sigue al pie. Pero ese hombre grandote no se corre...
En vista que no puede seguir en equilibrio Juan levanta su cabeza y ve a su papá sonriendo que le dice  Querés jugar a la pelota? y al ponerse a correr juntos vuelan las palomas, suenan las campanas y el grito de los chicos parece que retumbara más fuerte hasta gritar el gol que le queda clavado en la garganta, ahogándole en un llanto desbordado como el agua de la fuente.
El juego había terminado. Su realidad es más fuerte que su imaginación.

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