10 dic. 2019

El bastón de mando presidencial no es un arma.


Un símbolo, que pese a sus objetivos de legalidad constitucional, rara vez en nuestro país pasó de las manos de un presidente elegido en elecciones libres a otro igualmente elegido. En realidad muchas veces fue una posta entre conductores de revoluciones  ejerciendo el poder sin consenso.
A diferencia de una espada no tiene filo, ni punta, ni rebaje. No sirve para acosar, amenazar, ni matar.
Los bastones de mando no hablan, ni siquiera como una espada o un revólver, como una lapicera o un gesto.
Las manos que sostienen este bastón no son las del triunfo de nadie, no pertenecen a un solo hombre, son las que lo tendrán por los 4 años que ejerce la representación delegada por el pueblo argentino.
IMPORTANTE: a tener en cuenta. El bastón se da en nombre de TODO EL PUEBLO ARGENTINO, no de la parcialidad que lo votó, porque los que no los votaron dan conformidad al resultado de las elecciones y lo convalidan dándole el bastón de mando.

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