23 may. 2019

Encerrados en nuestro propio laberinto.


En la mitología griega el Rey Minos, de Creta en su irrefrenable deseo de venganza impuso penas terribles a Atenas . Durante 9 años, los atenienses debían enviar a la isla de Creta a 7 jóvenes y a 7 doncellas, para ser devorados por el minotauro (mitad hombre y mitad toro), que vivía en un laberinto, cercano a Cnosos, capital de Creta.
Al tercer año, el hijo del rey ateniense Egeo, llamado Teseo, se ofreció voluntariamente, pues se consideraba capaz de enfrentar y dar muerte al minotauro.
Al enterarse el Rey Minos, expresó:- te diré que, aunque mates al minotauro, jamás encontrarás la salida del laberinto.
-No me importa- respondió el joven Teseo, me basta con matar al monstruo y ser útil a Atenas.
Ariadna (hija de Minos), secretamente, por la noche se acercó al joven y le entregó un puñal y un ovillo de hilo, diciendo:-Con este puñal mágico, podrás atravesar el corazón del minotauro, y si sigues el hilo de este ovillo podrás hallar la salida. Agradecido quedó el joven Teseo, y penetró en el laberinto, desenvolviendo el ovillo de hilo hasta enfrentarse con la bestia. Después de ardua lucha, logró atravesar el corazón del minotauro. Rescató a sus compañeros, con los que emprendió el camino de regreso siguiendo el hilo. Fue aclamado por la gente de Cnosos por haberlos liberado del monstruo y Teseo, victorioso, regresó a Atenas en su nave con las velas desplegadas.
Ésta es la famosa historia del laberinto. La enseñanza en sí, puede ser, que en la vida nos encontraremos siempre con ellos, pero no deben ser trabas para lo que queremos hacer, siempre habrá alguien que nos ayude a salir. Esperando el hilo de Ariadna.

El problema está cuando el laberinto, los impedimentos para salir, lo construye uno mismo. Posiblemente alguien pueda arrimarte el hilo para salir, pero el rescatado es el mismo que está encerrado y él es el único que autoriza a ser sacado de su propio encierro. Así veo al pueblo argentino. No busca ni el hilo de Ariadna, se enreda en sus mismos hilos.

Hasta puede ser el laberinto que describe Borges en  "Los dos reyes y los dos laberintos":


Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan complejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. 
Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. 
Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. 
Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y sustancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso.”
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquél que no muere.

Ese laberinto donde NO HAY ESCALERAS QUE SUBIR, NI PUERTAS QUE FORZAR, NI FATIGOSAS GALERÍAS QUE RECORRER, NI MUROS QUE TE VEDEN EL PASO...

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