28 mar. 2019

De cómo la gente buena se vuelve cómplice...

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En la película “Los Juicios de Núremberg” (1961) hay una escena extraordinaria en la que Marlene Dietrich (Mrs. Bertholt) trata de convencer al juez americano protagonizado por Spencer Tracy, que el juez alemán cómplice de los crímenes del nazismo (Burt Lancaster) era en realidad una buena persona y que había hecho lo imposible contra el régimen. Finalmente el juez alemán es condenado y en su alegato final (no dejen de verlo), Spencer Tracy explica que una de las cosas más extraordinarias del nazismo era que había conseguido que cientos de miles de buenas personas terminaran callando y aceptando las atrocidades del régimen. 

Hay cosas que no se explican. El único verdaderamente arrepentido en el caso de corrupción más grande de la historia argentina, parece ser el Contador Manzanares. Hasta ahora demuestra que lo que hizo fue entrar a la trama por profesión, no tomando dimensión de donde se metía. Su amigo Daniel Muñoz, el que lavó el dinero de los Kirchner, antes de morir le pidió perdón por lo que le hizo: hacerlo entrar en la complicidad del sistema delictivo (corromperlo).
"Para que la maldad florezca solo hace falta que la gente buena no haga nada".

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