19 sep. 2017

El resentimiento de la "Solitaria"

El 13 de diciembre de 1828 Manuel Dorrego sería fusilado por orden de Juan Lavalle. Él en carta a su mujer dijo: "En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué (...)perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí.". Y otras a sus dos hijas, Angelita e Isabel.
Isabel, la mayor de las hijas, sobrevivió a su madre y a su hermana.  La llamaban “la Solitaria” porque nunca se la veía más que con un negrito que la acompañaba a misa, las pocas veces que salía. Nunca formó familia y siempre vistió luto. De todas maneras, la numerosa descendencia de Angelita más otros parientes y amigos solían visitarla una vez al año: los 13 de diciembre, cuando se evocaba un nuevo aniversario de la muerte de su padre. Por ser vísperas del verano, un criado servía refrescos. Doña Isabel se ubicaba en un antiguo sillón y a su alrededor se acomodaban los más pequeños.
En un momento de la reunión, la anciana llamaba al criado que servía los refrescos y en secreto le daba una orden. El moreno salía para regresar con una bandeja de plata. Encima, un plato de loza blanco portaba la cabeza de un gallo recién degollado. Entonces, Isabel Dorrego decía: “Es la cabeza de Lavalle”. Y todos guardaban silencio.
Esta costumbre se mantuvo por años, alrededor de 50.En aquella casona con techo a dos aguas se criaban gallos especialmente. Uno era elegido para cumplir el papel de verdugo de Dorrego cada 13 de diciembre.
El resentimiento, fue mantenido durante 50 años y fue sembrándolo a las nuevas generaciones.
Cuánto daño hace sembrar resentimiento en los jóvenes, cuánta energía mal dirigida!!!. Ser líder de resentimiento es pernicioso. La ira te clausura el juicio.
No sé si me confundí con la foto. No recuerdo la cara de Isabel Dorrego.

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