28 sep. 2017

De dónde sacar la solución al problema educativo?

Preocupados como estamos, ante los índices de analfabetismo funcional de los adolescentes, que transitan nuestras escuelas secundarias (o no) podemos ir a la fuente para saber qué se hizo para convertir una población analfabeta en culta.  No digo que se haga lo que hizo Sarmiento. Dejo a la imaginación y criterio de los que estén al frente del Ministerio el que se pongan a pensar como lo hizo él.
Si un censo da, que un 80% de la población es analfabeta, como le sucedió a Sarmiento en 1869 qué tiene que hacer?. Tirarse ante un tranvía?. No señores se fue en búsqueda de mujeres cultas para que sean maestras de maestras. Norteamericanas, ellas.
Según sus escritos, el proyecto apuntaba a trasladar más de mil maestras. No pudo hacerlo, pero así y todo lo que hizo fue grande. Entre 1869 y 1898 llegaron 65 docentes a nuestro país-

Nueva Inglaterra, el lugar del que provienen las maestras, era una región en ebullición cultural, donde se dieron pensamientos políticos, sociales, económicos y culturales de los que salieron movimientos como el antiesclavismo, el sufragismo y también las pioneras del feminismo norteamericano. Fue a buscar lo que él cosideraba lo mejor de lo mejor.
El proyecto de Sarmiento no fue el producto de un entusiasmo pasajero, sino que fue largamente meditado. Se dice que en 1847, cuando el joven viajero visitó a los docentes de Massachussets Horace Mann (había armado el sistema educativo de Nueva Inglaterra) y su esposa Mary Peabody, comenzaron a hablar de este tema que terminó de darle forma en 1864 cuando fue como Embajador.
Mary Peabody
Mary Peabody viuda de Mann, junto con Kate Dagget, fueron las encargadas de seleccionar a las maestras. Se trataba de chicas jóvenes y cultas que firmaron contratos de 3 años para trabajar en la Argentina de maestras de maestras, es decir, para capacitar docentes en las escuelas normales que se estaban construyendo. 
Las maestras viajaron en barco durante 2 meses hasta llegar a Buenos Aires.  La comunidad norteamericana en Buenos Aires no quiso que las chicas viajaran a lugares calificados como salvajes. Sarmiento discutió con ellos, pero no resulta fácil convencer a tantos, sobre todo porque en ese año en San Juan, el gobierno era derrocado a punta de pistola o en 1870 el asesinato de Urquiza, una noticia intimidante porque según los acuerdos, las maestras recién llegadas se instalarían en Paraná para aprender durante cuatro meses el idioma y costumbres argentinas, además de hacerse cargo de la Escuela Normal de esa ciudad.
Más allá de las dificultades previsibles, las maestras fueron llegando y cumpliendo con su deber, en su gran mayoría de manera ejemplar. El trabajo no era ni fácil ni cómodo. Si bien el sueldo prometido era muy bueno, estaban en un contexto de dificultades e incomprensiones que hacían muy incómoda y en algunos casos hasta peligrosa, la labor docente. Se trataba de chicas educadas, muchas de ellas de familias de buena posición económica, que de pronto debían viajar por estas inmensidades, asediadas por malones, bandidaje rural y, en los centros urbanos, los peligros derivados del fanatismo religioso, los recelos e incluso las envidias.
Esas maestras vivieron en casas con piso de tierra, sin ventanas, sin servicios higiénicos adecuados y sin embargo no protestaron; conocieron de la soledad, del extrañamiento, del miedo, pero no protestaron. El balance no puede ser más elocuente: organizaron y administraron dieciocho escuelas normales, además de promover jardines de infantes y establecer programas de educación de excelente calidad pedagógica para su tiempo.

Las maestras normalistas hicieron patria, predicaron los beneficios de la educación, instalaron hábitos de higiene, de disciplina escolar, métodos de estudios fundados en la lectura, pero también en la observación de la naturaleza.
Mujeres valientes, decididas; mujeres de talento y coraje; mujeres que nos honran y a quienes les debemos respeto. En el Cementerio Británico están las tumbas de cuatro de ellas: Jennie Howard, Sarah Eccleston, Minnie Ridley y Francis Bessler. En Rosario, en el Cementerio de Disidentes  están los restos de Sarah Strong, Virginia Dosway, Clara Gilles, Jennie Hunt, Guillermina Tallon y Mary Ann Gilles. Son, como dice una lápida, las “American Teachers Sarmiento’s group”.
Esos son los mitos, historias ejemplares a las que uno recurre  cuando tiene problemas similares, buscando el cómo se hace.
Después dicen que Sarmiento no fue un visionario. No... 

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