5 jun. 2017

Pensar como artista vs. pensar como ingeniero

 Theo Jansen ideó estos animales fantasmales que sólo se mueven con el viento. Nada más que el viento. Se mueven por sí mismos. Son esculturas movientes. Cuenta la evolución de su pensamiento y lo compara con lo que haría un ingeniero.
El tubo amarillo es típicamente Holandés. Desde 1947 la ley holandesa regula el uso de este tubo amarillo como conducción para el cableado eléctrico de las casas. Se puede encontrar este material en los contenedores de escombros.
Usé este material  dice Theo Jansen por primera vez en 1979 para hacer un platillo volador que sobrevoló Delft y que casi provocó disturbios. 
El primer obstáculo en el camino de la vida artificial fue el de conectar los tubos ¿cómo unirlos? Empecé cosiendo las piezas y pegándolas con cinta adhesiva.
Descubrí el amplio abanico de usos de los tubos después de muchas peregrinaciones al territorio de lo posible. Las limitaciones del material me forzaron a buscar vías de escape que no resultasen lógicas ni obvias. Seguí las estrategias opuestas a las que hubiese seguido un ingeniero.
Si encargásemos a los ingenieros de un centro tecnológico la construcción de un aparato que se moviese por sí mismo a lo largo de una playa ¿qué harían? En tres meses habrían construido un aparato robótico de acero inoxidable provisto de sensores, cámaras y células sensibles. Dispositivos que habrían sido pensados y luego realizados. Así trabajan los ingenieros. Primero tienen ideas y luego las ejecutan. Primero estudian detenidamente los libros y luego abren todos sus cajones y sacan de ellos lo que necesitan. Es un método de trabajo que consigue resultados rápidos y fiables.
 Las verdaderas ideas, como muestra la evolución, se producen por pura casualidad. La idea de los animales de la playa fue accidental. Vino después de haber estado enredando por un tiempo con tubos de plástico. Fueron los propios animales los que se dejaron hacer y los tubos de plástico me mostraron cómo. Curiosamente, cuando más restricciones hay, más probable es que la casualidad juegue algún papel. Toda esta búsqueda y juegos lleva más tiempo que la técnica de trabajo de los ingenieros. El método de trabajo de los ingenieros es comparable con una autopista. Te lleva donde quieres ir rápidamente y todo el mundo circula en la misma dirección. En el método del artista la dirección no está decidida. Estacionas el coche  y saltas, machete en mano, a abrirte camino entre la maleza. Posiblemente nunca llegues al destino, en el estricto sentido de la palabra, pero seguramente llegarás a lugares donde nadie había estado jamás.
 Sé por la práctica que hay muchos ingenieros que saltan con el machete en la mano algunas veces y artistas que eligen el camino del tráfico. Lo que es útil del método artístico es que no tienes que idear o inventar nada. El material lo hace por ti. Fueron los tubos los que pusieron la idea de una naturaleza nueva en mi cabeza. 
Aunque asegura que ‘las barreras entre el arte y la ingeniería existen sólo en nuestra mente’.
 A comienzos de los 80, el artista holandés comenzó a crear programas de simulación algorítmica de vida artificial. Su interés por diseñar organismos vivos y autónomos a través de software le lleva a iniciar su serie de esculturas cinéticas “Strandbeest”, el proyecto que le ha proporcionado un reconocimiento a nivel internacional. Se ven en el video con el que ilustro esta nota.

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