11 jun. 2017

Pensamos como mensajes de WhatsApp.

Los hechos no se ponen en palabra, se sugieren. Si los captás, bien. Si no los adivinás, quedan en suspenso. De golpe todo se volvió incomprensible. No sé si es falta de franqueza, falta de claridad, falta de honestidad, por dolor anticipado o porque el otro tampoco lo tenga claro.
Las relaciones se vuelven conexas e inconexas a la vez. Imposible, pero real. Todos  juntos pero a su vez separados. Se dice pero no se dice, se contradice. Se sugiere, se reclama, luego silencios. Pero el reproche no es claro, el reclamo tampoco, sin acercamiento. Como los mensajes de WhatsApp, entrecortados, sin expresión, sin tonos  ni matices,sin esperar respuesta, sin pedir ayuda, sin contar la angustia, sin plantear la necesidad.
Quizás, supongo, me pregunto si podríamos, te importa mucho que, solamente, no crees que, eeh, bueno, realmente no es importante, no te molestes…
No nos encontramos frente a dos puntos de vista, que serían comprensibles y que detectados se respetan y se buscaría la forma de estar juntos en la diversidad. No señor, no hay dos puntos de vista. Das la razón y se ofenden. De qué, no sabés. Tienen necesidad de vos y en vez de llamar esperan ser llamados.  Y se hacen pelotas, pero no llaman. No se focalizan en aquello que les haría bien. Pasivos.
Capaz que esperamos de los demás lo que estaríamos dispuestos a hacer por ellos y cuando el otro no es "como uno" nos decepcionamos y nos guardamos. Los otros no son como uno, los otros son como son ellos, ni mejor ni peor y sólo podemos esperar lo que los otros son capaces de dar y si nos arrimamos seguramente vamos a ver que nos están aguardando.
Si planteáramos bien la demanda y no esperáramos más de lo que el otro puede dar, dejaríamos de vivir en un mundo sugerido- El discurso entrecortado, no se entiende.Aunque algunos digan que no se trata de entender, se trata de sentir, para saber el sentido necesitás entender hacia donde ir.
S.M.C.

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