18 nov. 2016

Mantén la calma ante la rabia ajena

Y te sabe esperar.
Cerca de Tokio viví­a un gran samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corrí­a la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero, famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás habí­a perdido una lucha. Conociendo la reputación del samurai, estaba allí­ para derrotarlo y aumentar así­ su fama.
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafí­o.
Fueron todos hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a provocar al viejo maestro, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
– ¿Cómo ha podido usted soportar ? ¿ Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podí­a perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?
Si alguien se acerca a tí­ con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quien pertenece el regalo? preguntó el samurai.
– A quien intentó entregarlo – respondió uno de los discí­pulos.
– Pues lo mismo vale para la rabia– dijo el maestro. – Cuando no es aceptada, continúa perteneciendo a quien la cargaba consigo.
Coelho dixit
Y en un momento se alivia el alma y termina la rabia, el silencio y el dolor que la causa. Hay que saber esperar.

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