5 jul. 2016

Salubridad alimentaria: un derecho y un deber.

Artículo 41 de la Constitución Nacional Argentina

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo
El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. 
Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. 
Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos.

En lo referente al ambiente sano, como vemos es un derecho y un deber. Desconozco algún artículo de la Constitución que se refiera de la misma manera a la salubridad de la alimentación. Se habla del derecho a la alimentación en contraposición a hambre, a su disponibilidad. Se habla de una alimentación saludable con respecto al hecho de la variedad, de la cantidad de sal, de la cantidad de azúcar. Sin embargo, se encuentran discusiones no claras, no científicas, sobre los herbicidas, sobre la soja modificada genéticamente. Somos un país sojero y Santa Fé está en el corazón de la soja. Por un lado está el derecho al ambiente sano y por el otro derecho a comer sano.
Una teoría a verificar:
                  Luego de analizar 6.497 experimentos de 184 instituciones científicas llevados a cabo en 23 países se detectó que los granos de soja modificada genéticamente acumulan formaldehído carcinógeno. Es decir, el trabajo que ha sido sometido a revisión de pares y publicado en diversos medios de divulgación científica es claro, la soja por culpa de su modificación genética, dicen, acumula fomaldehído, el cuál es un conocido carcinógeno.
Este nuevo estudio revela algo nuevo, ya que pone en jaque el sistema de que la FDA utilizó para asegurar la seguridad de éste y otros transgénicos, el llamado método de “equivalencia sustancial” según el cual la semilla convencional y transgénica son iguales. Sin embargo, el comportamiento bioquímico de la planta modificada  por sí sola, independientemente de los herbicidas usados en su cultivo (también cancerígenos) acumula fomaldehído, por lo cual la planta en sí sería distinta y no habría “equivalencia sustancial”.

                   Desde hace años mucha gente, desde distintos ámbitos, reclaman que hacen falta estudios serios sobre el impacto real en ecosistemas y consumidores de estos transgénicos. Uno de los argumentos de la industria, políticos y organismos era que no existía diferencia sustancial entre el transgénico y el convencional. La bioquímica dice lo contrario. El científico principal de la investigación, Shiva Ayyadurai, del MIT se pronunció en este sentido: “Es increíble que todavía no existan normas [de la FDA] para las pruebas. La seguridad de los suministros de alimentos requiere que la ciencia desarrolle dichos estándares científicos modernos para la aprobación de los transgénicos”.
                Ray Seidler, exinvestigador principal de la EPA (Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU), dijo: “El formaldehído es un conocido carcinógeno de clase 1. Su elevada presencia en la soja causada por la ingeniería genética común es alarmante y merece atención inmediata y la acción de la FDA y del Estado. La soja incluso forma parte de alimentos infantiles. 
Hoy por hoy casi cualquier alimento procesado tiene un derivado de la soja y en la mayor parte del mundo no se etiqueta por lo que estamos expuestos sin siquiera saberlo.
                  El trabajo que ha sido sometido a revisión de pares y publicado en diversos medios de divulgación científica es claro, la soja por culpa de su modificación genética acumula fomaldehído el cuál es un conocido carcinógeno.
China tiene la meta de ser el productor más grande del mundo de soja no-GM, tanto para uso interno como para exportación. India también es un productor de soja libre de GM. 


No afirmo. Transmito información. Nuestros científicos deben garantizarnos que lo que comemos no nos enferma. Debemos tener la seguridad de que lo que comemos no nos hace daño per se. Tanto sea la soja en sí misma como el hecho que se da como alimento a los animales criados para nuestro consumo. No podemos seguir mirando para otro lado. Los mitos se fabrican o se desestiman en función de intereses y nosotros estamos en el medio.

Referencias:
Ayyadurai VA and Deonikar P (2015). Do GMOs accumulate formaldehyde and disrupt molecular systems equilibria? Systems biology may provide answers. Agricultural Sciences 6: 630-662.http://www.scirp.org/journal/PaperInformation.aspx?PaperID=57871&#abstract
The new paper is based on three earlier papers by teams also led by Dr Ayyadurai:

1. Deonikar P et al (2015). Discovery of key molecular pathways of C1 metabolism and formaldehyde detoxification in maize through a systematic bioinformatics literature review. Agricultural Sciences 6(5): 571-585.http://www.scirp.org/journal/PaperInformation.aspx?paperID=56818#.VXr6MOfWlnd
2. Kothandaram et al (2015). In silico modeling of C1 metabolism. American Journal of Plant Sciences 6: 1444-1465.
http://www.scirp.org/journal/PaperInformation.aspx?PaperID=57220&#abstract
3. Mohan M et al (2015). Integrative modeling of oxidative stress and C1 metabolism reveals up regulation of formaldehyde and down regulation of glutathione. American Journal of Plant Sciences 6: 1527-1542.
http://www.scirp.org/journal/PaperInformation.aspx?PaperID=57391&#abstract

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