27 jul. 2016

De nuestros propios laberintos.

En la mitología griega el Rey Minos, de Creta en su irrefrenable deseo de venganza impuso penas terribles a Atenas . Durante 9 años, los atenienses debían enviar a la isla de Creta a 7 jóvenes y a 7 doncellas, para ser devorados por el minotauro (mitad hombre y mitad toro), que vivía en un laberinto, cercano a Cnosos, capital de Creta.
Al tercer año, el hijo del rey ateniense Egeo, llamado Teseo, se ofreció voluntariamente, pues se consideraba capaz de enfrentar y dar muerte al minotauro.
Al enterarse el Rey Minos, expresó:- te diré que, aunque mates al minotauro, jamás encontrarás la salida del laberinto.
-No me importa- respondió el joven Teseo, me basta con matar al monstruo y ser útil a Atenas.
Ariadna (hija de Minos), secretamente, por la noche se acercó al joven y le entregó un puñal y un ovillo de hilo, diciendo:-Con este puñal mágico, podrás atravesar el corazón del minotauro, y si sigues el hilo de este ovillo podrás hallar la salida. Agradecido quedó el joven Teseo, y penetró en el laberinto, desenvolviendo el ovillo de hilo hasta enfrentarse con la bestia. Después de ardua lucha, logró atravesar el corazón del minotauro. Rescató a sus compañeros, con los que emprendió el camino de regreso siguiendo el hilo. Fue aclamado por la gente de Cnosos por haberlos liberado del monstruo y Teseo, victorioso, regresó a Atenas en su nave con las velas desplegadas.
Ésta es la famosa historia del laberinto. La enseñanza en sí, puede ser, que en la vida nos encontraremos siempre con ellos, pero no deben ser trabas para lo que queremos hacer, siempre habrá alguien que nos ayude a salir. 
El problema está cuando el laberinto, los impedimentos para salir, lo construye uno mismo. Posiblemente alguien pueda arrimarte el hilo para salir, pero el rescatado es el mismo que está encerrado y él es el único que autoriza a ser sacado de su propio encierro.

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