31 oct. 2015

1910 Rosario: el cometa Halley y los rosarinos muertos de miedo.

El paso del cometa Halley encontró a los rosarinos muertos de miedo.
Desde las primeras horas de la noche, y aun durante toda la tarde de ayer, constituía una preocupación pública en Rosario el paso del cometa, afirma Guillermo Zinni.
La llegada del cometa Halley en 1910 estaba prevista para el 18 de mayo de 1910, a las nueve de la noche (hora de la Argentina), cuando comenzaba la semana por los festejos del Centenario. Se temía que su larguísima cola fuera rechazada por el sol, haciendo que al derrapar impactara en la Tierra como un latigazo galáctico. Al Halley lo llamaban “el coludo” por la estela que dejaba al marchar a la velocidad de 194.400 kilómetros por hora: la famosa cola medía veintiuna veces la distancia entre la Tierra y la luna.
Desde París, el astrónomo Camilo Flammarion aseguró que esta no sería la mayor tragedia de la historia del mundo, ¡sino la última! Lidia Parise y Abel González fueron los grandes investigadores argentinos de este tema. Establecieron que hubo 427 suicidios en los 138 días comprendidos entre el 1° de enero de 1910 y el 18 de mayo. Muchos mencionaron al cometa en sus cartas póstumas.
El presbítero Fortunato Devoto se transformó en el primer argentino en divisar el cometa. Fue el 16 de abril, desde el palacio arzobispal. Bastó que se publicara la noticia para que de inmediato surgiera el negocio de los telescopios. Los buscavidas compraban estos aparatos para sacarles el jugo. Uno, de apellido Muzzio, se colocó en la esquina de Florida y Sarmiento (en Buenos Aires) con un cartel: “Vea por cinco centavos al cometa de Halley. Conozca la causa de su muerte”. Recaudó como nadie.
Llegó el 18 de mayo y el mundo siguió girando. Por la madrugada, las terrazas de los edificios más altos de Buenos Aires estaban colmadas de felices avistadores. Pasado el momento, La Nación tituló: “El peligro del cometa desvanecido. Fracaso de los pronósticos terroristas”.
La noticia se celebró en todas partes. También en Rosario, donde un marino alemán llamado Walter Ahrens comenzó a tomar vino para festejar y en algún momento perdió el control en la cubierta y cayó al agua. Murió ahogado. En agua y en vino. Por eso no hay que mezclarlos.(textual)
En Rosario, que según el censo de abril de 1910 tenía 192.000 habitantes –la cuarta parte de los cuales vivía en conventillos–, el paso del cometa Halley tampoco resultó indiferente. La ciudad, gobernada por el intendente Isidro Quiroga, celebraba ese año la concreción de dos obras de gran envergadura: la Biblioteca Argentina y el Hospital del Centenario.
Así las cosas, las azoteas de la ciudad se llenaron de curiosos a la espera del Halley. Lo mismo había ocurrido en 1909, cuando los primeros aviones surcaron el cielo rosarino.
Con todo, la cola del cometa Halley nunca se acercó a más de 400.000 kilómetros de la Tierra y, a esa distancia, resultó totalmente inofensiva. El diario Seattle Post Intelligencer cerró la cuestión con este titular: “El cometa Halley va y viene, y esta vieja Tierra no es mejor ni peor y, por tanto, no mucho más sabia”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario