25 jul. 2015

1893 Rosario: autoridades de la campaña cuestionadas.


Un hecho real ocurrido en Serodino, narrado por el corresponsal  publicada en el Diario de la Tarde de Rosario del 23 de diciembre de 1893:
Serodino:
Esta laboriosa población ha sido teatro anoche de un bárbaro crimen, cometido por un guardián del orden público, cuyo nombre ignoro, por haber sido traído a esta localidad por el Juez de Paz Luis Quijano.
Anoche el vigilante, en completo estado de ebriedad.empezó a recorrer el pueblo penetrando en cuantos despachos de bebida encontraba, haciendo en todos ellos numerosas libaciones.
Como a las 11 pm. penetró en el negocio de don Juan Perino, en momentos en que varias personas jugaban al billar y conversaban tranquilamente.
El vigilante modelo empezó a insultar a los presentes quienes no hacían caso de las provocaciones del ebrio, el que aumentólas a medida que no eran contestadas.
Cansado el señor Perino pidió al vigilante con muy buenos modales que se retirase, pues era tarde y quería correr la puerta. Esto fue lo suficiente para que dicho individuo se pusiera como una furia y dando un salto para atrás, saliera del negocio machete en mano desafiando a todos.
El dueño de la casa aprovechó ese momento para cerrar la puerta pero sin acordarse el desgraciado y ninguno de los presentes, que eran como ocho o diez, de que había una ventana abierta y que podría el desalmando hacerles pagar cara la osadía de permitirse despedir un dueño de casa a una autoridad como él.
Inmediatamente el criminal se dirigió a la ventana y por ella descargó los cinco tiros de su revólver al montón, como quien tira a una manada de patos y caiga el que caiga."  Los heridos fueron dos, un cliente que murió de inmediato y el dueño del negocio que recibió dos balazos de gravedad.
Termina el reporte:
A poco tiempo de consumado el crimen acudieron al lugar el Juez de Paz y el sargento, quienes tomaron al criminal.
Este bárbaro crimen ha causado gran indignación en el vecindario y se espera que el alevoso criminal sufrirá todo el rigor del castigo a que se ha hecho acreedor.
Esta lección, señor director, deben aprovecharla todas las autoridades de campaña, las que con excesiva frecuencia no miran si las personas, que a sus órdenes tienen, merecen o no confianza.

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