9 feb. 2015

Te comerías unos penes estofados?

Parece gracioso pero no lo es.

Más de 4.000 penes, enfriados a 20 grados bajo cero, esperan turno para ser embarcados en el puerto de Valencia. Destino: Hong Kong, indican en letras grandes las etiquetas de las cajas. Cada una porta 20 genitales. Una delicatessen, dicen. En 36 días, rumbo a Pekín, Taiwán, Tokio o Singapur, donde serán degustados, previa reserva, por los paladares más exigentes. Pasen y prueben. Un surtido de penes estofados, 150 euros el plato. El de ciervo, 180... No es comida para débiles.
"Yo, una polla, por bien guisada que esté, no me la como", dice tajante Paco Polín, uno de los grandes exportadores de genitales.
Los aficionados a tales viandas, hombres en su mayoría, buscan mejorar su yang, la energía masculina o virilidad, según reza el taoísmo. ¿Hay mercado? "Promete, sí", afirma el carnicero manchego, "a los asiáticos, no sé por qué, les vuelven locos los penes". Especialmente los de ciervo, entre los más valorados no sólo por su jugosidad. La potencia avala la fama de este preciado bocado. Pues circula la creencia en China de que al disponer de un harén de hembras numeroso, el miembro de cada macho adquiere la fuerza de tres penes de toro. El jueves, a media mañana, Crónica fue testigo de los prolegómenos de su viaje a Oriente.
El tamaño también importa: unos 30 centímetros mide cada genital. "Este es mediano, los chinos los quieren grandecitos, sacarán más raciones...", presume el empresario de Las Ventas con Peña Aguilera (Toledo). Cuesta imaginárselo en un plato para comer, testículos incluidos.
¿Costumbre? ¿Cultura?
El de los penes es un negocio que ha comenzado a pitar con fuerza en España. "Un nuevo mercado [nada conocido fuera del sector] que va a más", admite el de Torrecaza. 
La ruta de los genitales al plato conduce inevitablemente al Guolizhuang, en Pekín. Es la referencia de la gastronomía extrema. Todo lo que aquí se ve y se huele resulta raro. Comer o incluso visitar este restaurante, considerado como el templo mundial de la comida de penes, requiere estómago. Se presentan bajo nombres tan sugerentes como El despertar del Fénix, Esencia del Buda de oro, Dragón en la llama del deseo o Flores de jazmín con 1.000 capas. Suenan bien, pero en realidad son penes y testículos de ciervos, perros, chivos o burros. Enteros o en finas rodajas. Ninguno de los platos baja de los 40 euros.
"Comer penes es riquísimo y además puede dar más vigor al hombre", ensalza el chef pequinés Xiao Shan, artífice del menú de la lujuria, heredero de un arte familiar, quien aprendió a preparar órganos sexuales a los 13 años. Entre sus creaciones, además del miembro de ciervo, destaca el pene de yak (220 euros al cambio), un surtido de 10 genitales por 200 euros -qué mejor forma de llegar a un acuerdo de trabajo- o el nuevo plato de miembro de caballo de unos 50 centímetros, 190 euros, el "más delicioso", según Shan..

Gustan tanto los genitales que el Guolizhuang -nombre que podría traducirse por el de "potencia en la olla"- ha pasado a ser una franquicia imparable, con cuatro restaurantes en Pekín y uno en Atlanta, EEUU. Los camareros explican las propiedades de cada plato a los invitados. A las mujeres les advierten que no deben comer testículos -las hormonas podrían darles una voz muy profunda, dicen-. Y a los menores de 15 años no se les permite la entrada por temor a que la comida interfiera en su crecimiento.
http://www.elmundo.es/cronica/2014/11/30/5478c2b3ca4741306c8b4575.html
Gustos son gustos, diría una vieja...

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