23 feb. 2015

Libertad de pensamiento...

Hablar peleando puede significar libertad de expresión,  pero no libertad de pensamiento, porque se está condicionando a responder a un enfrentamiento. Es una libertad de expresión condicionada. El diálogo requiere de apertura, de escucharse. Y la libertad de expresión también. La actitud contestataria  desgasta y se utilizan energías que pueden ser aplicadas a cosas más constructivas, de lo que resultaría algo enriquecedor para los que dialogan.
El Gobierno kirchnerista nos puso a pelear y nos tiene a todos ocupados en defendernos exponiéndonos a ser  descalificados, defenestrados, castigados. Tuvimos que defender nuestros valores,  nuestra Constitución, nuestras costumbres. Eso requiere de una energía que no puede ser aplicada para construir. Es destructiva en sí misma, es desgastante.  Estamos condicionados a entrar en pelea, no en diálogo. Por lo tanto hay una aparente libertad de expresión, porque no conlleva en sí la libertad de pensamiento. Además que, al no ser escuchados, es una libertad de hacer ruido. De cacareo sin propuesta.
     El circuito de la comunicación y del diálogo se cierra cuando el otro te da el OK de entendido. Lo que suceda después, si se comparte o no lo dicho depende de muchos factores. Ahora, si te expresás, pero de antemano sabés que no serás escuchado, no es diálogo, no es libertad de expresión, no es NADA. Y la democracia requiere de diálogo, de libertad de expresión, de convivencia en la diversidad de opiniones, de trabajos en equipo.

En la Argentina de hoy, la libertad de expresión es aparente, es condicionada, porque lo que no se permite es la libertad de pensamiento, que quiere ser direccionada.

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