23 nov. 2013

Hay inventos que se los lleva el viento.

Un aporte fundamental en la evolución de las bicicletas fue la cadena de transmisión. Se usó a partir de 1885, permitiendo que el esfuerzo hecho en los pedales se transmitiera a la rueda trasera. Ese día las bicicletas dejaron de tener tracción delantera y se resolvió el problema de la gran desproporción en el tamaño de sus dos ruedas, que habían llevado el asiento a alturas extravagantes. Ahora podían ser más bajas, más cercanas al suelo y, por lo tanto, la pérdida de equilibrio podía resolverse -en la mayoría de los casos- sacando los pies de los pedales y apoyándolos en suelo firme, algo que con los modelos anteriores era imposible.

Este cambio hizo popular a la bicicleta y un tintorero de Buenos Aires quiso aportar algo más. 
 José María López (lo vemos en la foto),  en el año 1900 ocupó su tiempo libre en crear un accesorio: la sombrilla para bicicletas.
La llamó bicicleta toldada y consideró que con su invento lograría resolver los problemas de los ciclistas, tanto en días de sol intenso como de lluvia. Según contó, fueron varias las pruebas de ensayo y error hasta perfeccionarla. Pero en un principio consideró que no debía industrializarse, sino que debía usarla como prototipo para ajustar detalles. Menos mal. Porque una ráfaga de viento lo alzó por el aire. Fue un vuelo corto, el suyo y el del invento.

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