19 oct. 2013

1878 López Jordán prisionero en la Aduana rosarina

El 11 de abril de 1870, a las 7.30 pm, una partida desaforada irrumpió en el palacio San José (Concepción del Uruguay, Entre Ríos), gritando “¡Viva López Jordán!”. El dueño de casa y gobernador de la provincia, Justo José de Urquiza, estaba sentado en la galería. Lo asesinaron.
Todos señalaron a Ricardo López Jordán como el instigador y se convirtió en el enemigo público número uno de la Nación. El 10 de diciembre de 1876 lo capturaron en territorio correntino, mientras dormía. Fue embarcado en Goya y enviado a Paraná, donde quedó a disposición del juez local. Pero el magistrado fue recusado por falta de imparcialidad, ya que en público lo llamó “el forajido del 11 de abril”.
Arribó a su nuevo destino, Rosario, el 6 de enero de 1878.  Su celda fue un cuarto de la Aduana rosarina. Simple, aunque complicado para fugarse, ya que la custodia era de 22 soldados. Complicado, pero no imposible.
SU FUGA:
El 11 de agosto de 1879 visitaron a Ricardo López Jordán su mujer, Dolores Puig, y tres hijos, Pepa, Lola y el pequeño Eduardo. Ya empezaba a anochecer. Postrado en el catre, López Jordán se quejaba por dolores. Su mujerllamó al guardia y le pidió que le permitiera pasar la noche junto a su marido enfermo. El soldado autorizó que se quedara con su marido y se fue a la guardia.



López Jordán pegó un salto de la cama, despidió a las hijas y se desvistió. Dolores había llevado ropa igual a la que tenía puesta. El caudillo entrerriano se vistió de mujer y después del cambio de guardia partió de la mano de su hijo Eduardo. Desde un cuarto cercano, los soldados vieron que “la señora” abandonaba la celda con el niño.
La gran sorpresa fue a las nueve de la mañana, cuando los guardias entraron al cuarto del prisionero para ver cómo estaba todo y vieron que todo estaba mal: sentada en la cama estaba Dolores Puig, con cara de “yo no fui”.
Como un rayo los chasquis partieron hacia los juzgados de paz cercanos, portando la noticia y, obviamente, las señas particulares del fugitivo: “Hombre de cincuenta y cinco años, aunque demuestra más edad, casi calvo, frente arrugada que sufre contracciones al hablar, boca y dientes grandes, teniendo el defecto de pronunciar la letra a con acentuación muy marcada, como si uno de los dientes le impidiera pronunciarla suave. [...] Hombros y cuerpo fornido, aunque hoy está delgado. Al hablar, tiene la costumbre de echar el sombrero atrás, y la cabeza”.
Sólo faltó aclarar que el hombre buscado ESTABA VESTIDO DE MUJER!!

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