3 jul. 2013

La verdad y la conciencia iluminada...

El poeta sufí  Mevlana Rumí, en su libro místico El Masnawi, cuenta la historia de un elefante que llevaron unos hindúes a un pueblo persa.
Dícese de una vez en que el sultán, deseoso siempre por ilustrar a su pueblo, mandó traer un elefante de la India, y para que el pánico no se apoderara de aquellas gentes que nunca habían visto un animal más grande que un caballo, mandó encerrarlo en un establo y envió, como primera providencia, a los cinco hombres más sabios de la ciudad a que lo examinaran, y seguidamente explicaran al pueblo lo que habían visto, para que fueran acostumbrándose a aquel fenómeno.
 
Los sabios fueron al establo a cumplir con el mandato del sultán. Era de noche y el lugar estaba a oscuras, y no tomaron la precaución de llevar lámparas con ellos. De modo que decidieron conocerlo por medio del tacto.
 
Cada uno de ellos, con las prisas por ser el primero en lanzar sus doctas explicaciones  a la gente palpó una parte distinta del elefante y una vez que creyó saber de qué se trataba aquel fenómeno salió rápidamente a explicarlo.
– Ese animal es como una manguera –dijo aquel que tocó la trompa.
- No, no es así –replicó el que había tocado una oreja-. Es más bien como abanico.
- Ambos están locos –intervino el que sintió el lomo del elefante-. Eso es como un trono.
- Los tres están mintiendo –espetó el que había tocado una de las patas-. La única verdad es que ese animal es como una columna.
– ¡Qué equivocados están todos ustedes! – Vociferó el que tanteó uno de los colmillos–. Eso era duro y afilado como una lanza.
– Que absurdo –expresó el que palpó la cola–. Esa cosa es sólo como una cuerda parecida a una serpiente con un plumero al final para espantar moscas.
Y así comenzó una discusión acalorada entre ellos, porque todos afirmaban ser poseedores de la verdad y acusaban a los demás de locos o mentirosos. Y cada uno decidió darle un nombre distinto al elefante.
Rumi agregaba que si ellos hubieran llevado una vela encendida (una conciencia iluminada), no hubiesen tenido tantas diferencias de opinión entre ellos, ya que bajo la luz de la vela hubiesen podido contemplar directamente la forma completa del elefante.
La proliferación de religiones, sectas, doctrinas filosóficas y corrientes de pensamiento tiene su origenen la tendencia del ser humano a deslumbrarse cuando ha descubierto una parte de la Verdad, muchas veces por casualidad, y tratar de comunicarla a la gente sin la más mínima inquietud por pensar que lo que ha descubierto solo es una parte y que lo mejor que puede hacer es tratar de buscar el resto. Este problema afecta a la mayoría de las culturas sobre la tierra porque en la educación de los pueblos nunca se dice que la Verdad, se encuentra desmembrada y esparcida por doquier.

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