28 jun. 2013

Para construir desde la nada y sin utopías...

La lectura de este texto confirma lo que desde hace mucho tiempo vengo pensando: para construir desde la nada se necesita tener alteridad, perspectiva, prospectiva, estudio de los medios con los que se cuenta, de las necesidades del lugar, una  amplitud de mirada.
Los jesuitas que llegaron a la región de América no la transitaron indiferentes. Relevaban en su recorrido cada elemento topográfico, cada río, cada monte. Todo quedaba volcado en sus cartas que resultaban en una multiplicidad de mapas de notable precisión.
A la llegada de los jesuitas al Guayrá, según ellos y no me extraña, se encontraron que allí donde la tierra era tan fértil y donde la  riqueza de la tierra  hacía posible la abundancia de frutos, extrañamente se encontraron con un pueblo, el guaraní, que vagaba hambriento por los montes y buscaba qué comer en los ríos.
Y lo asombroso es lo logrado por ellos en 30 años.La primera estrategia consistió en una primera etapa de capacitación para el autoabastecimiento y mejoras de las condiciones de vida, y luego de 30 años los pueblos estaban perfectamente trazados, con calles rectas e iguales y contaban con casas cómodas y elegantes, cada una con su patio, sus gallinas, gansos y otras aves domésticas. En ellos introdujeron el ganado vacuno, traído de Asunción.
Los campos rendían riquísimas cosechas de diferentes clases de cereales y de algodón. Resultaban tan productivas que los indios llegaban a comerciar con las telas, contando inclusive con excedentes que les servían para vestir al viajero pobre o desnudo que llegaba a sus pueblos.
http://argentinahistorica.com.ar/UserFiles/File/Jesuitas%20en%20Santa%20FE/18%20el%20camino%20de%20la%20yerba.pdf
Y como decíamos ayer, de a poco se puede hacer mucho. Trato de dar temas que nos saquen de la agenda que nos pone el Gobierno y los medios. Ambos destructivos y sin ofertas de posibilidades de hacer las cosas diferentes y creativas. La historia nos muestra que lo que se puede hacer está al alcance de la mano. Hace falta levantar la mirada del ombligo.
 

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