22 feb. 2013

La realidad es muy pequeña sin las utopías...

Seamos gallinas y águilas: realistas y utópicos, enraizados en lo concreto y abiertos a lo posible todavía no ensayado, andando por el valle pero los ojos puestos en la montaña. Recordemos la lección de los antiguos: si no buscamos lo imposible (el águila) jamás conseguiremos lo posible (la gallina) dice Leonardo Boff en "El águila y la gallina, una metáfora de la condición humana".
Nos dice: ay de nosotros, si nos contentamos con ser solamente gallinas, encerrados en nuestro pequeño mundo, con deseos escasos. Somos gallinas, seres concretos e históricos. Pero jamás debemos olvidar nuestra apertura infinita, nuestra pasión indomable, nuestro proyecto infinito: nuestra dimensión-águila.
Pero si pretendemos ser solamente las águilas que vuelan en las alturas, que enfrentan las tempestades y que tienen como horizonte al sol y al infinito como universo, acabaremos muriendo de hambre. El águila aunque vuele en las alturas está obligada a descender al suelo para alimentarse, cazar un conejo, una perdiz u otro animal. Somos águilas, pero debemos reconocer nuestro enraizamiento en una historia concreta, en una biografía irreductible con sus limitaciones y contradicciones: nuestra dimensión-gallina.
 Las utopías tienen el límite de la realidad...
Pero la realidad es muy pequeña sin las utopías....
Pero no las utopías de hace 50 años. Sino las que pueden soñar los chicos de ahora, que conocieron un mundo diferente, evolucionado, tecnológico, competitivo. Donde la tecnología descoloca al hombre de su trabajo manual pero a su vez da lugar al desarrollo de la imaginación, de la creación, de la comunicación, de la facilidad de hacer conocer lo hecho en instantes, en momentos. Vimos todo lo que el hombre hizo sin teléfonos, sin computadoras, sin vapor, casi sin motores, sin luz eléctrica. Cómo el hombre no va a tener la oportunidad de soñar nuevos sueños, nuevas utopías donde la gente bien alimentada, viviendo en viviendas dignas, pueda crear nuevos mundos. No para abajo, viendo a la parte dirigente con el poderío y la gloria y al pueblo en casas de lata, sino para arriba, constructivamente, sin pedantería, sin prepotencia, sin humillaciones y sin dependencia. Nos han cortado las alas, pero como al cabello de Sansón, nos tienen que volver a crecer. Para bien de todos.

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